Vámonos de fiesta. (Amaya Puente de Muñozguren)

El teléfono ha sonado tres veces mientras Ana se da un baño, no quiere salir precipitadamente de la bañera, es su día de descanso. Ana está como más le gusta estar, desnuda y a remojo mientras oye a su cantante favorito una y otra vez sonando por toda la casa. La gata duerme encima del  batín que ha dejado sobre la tapa del váter. Ahora es el timbre de la puerta el que suena con insistencia.

-Ana, soy Elisa, sé que estás en casa. Ábreme que traigo una gran noticia.

No le queda más remedio que salir, a desgana, de la bañera y abrir la puerta a su amiga; por lo menos esta vez no viene llorando y amenazando con suicidarse, como las veinte anteriores. Esto de ser vecinas es algo muy malo, sobre todo en los casos en los que viene triste y deprimida y muy bueno en casos como el de hoy. Que son pocos.

-Ana, ¡tengo trabajo! ¡Tengo trabajo!, te he llamado a casa veinte veces desde que lo sé.

-Es que ayer trabajé todo el día, me alegro un montón, pero no grites tanto que te van a oír todos los vecinos. Pasa y toma algo mientras me visto y me lo cuentas.

-Hoy es domingo, ¿verdad?

-Sí.

-Es que de la emoción ya no sé en qué día vivo. Te cuento. Jo, tía que tipazo tienes. Ayer por la mañana fui a una entrevista en la que pedían recepcionista para una clínica dental. Había seis chicas más pero todas más gordas y feas que yo.

-Ana, mira que eres pava, a la gente no se le elige por su tipo o su belleza.

-Puede ser. Todas teníamos los mismos estudios y ¡Me han elegido a mí!, empiezo el lunes. Tenemos que ir a celebrarlo. Tendrías que depilarte un poco ese chichi, parece un felpudo.

-Elisa, no empecemos, a mí no me gusta ir sin pelos, ya lo sabes. Tú haz lo que quieras pero no me metas en líos.

-Chica, es que se te notan un montón, te levantan el tanga.

-Anda, sígueme contando lo del trabajo.

-Pues, eso, que tengo trabajo a partir del lunes, es un curro fácil, llevo uniforme y tengo turno partido. Eso es lo que menos me gusta pero no están las cosas como para hacerle ascos a los trabajos. Qué guapa estás. Es que tú, te pongas lo que te pongas, estás ideal. Anda, vámonos, que mi madre me ha adelantado cincuenta euros para ir a celebrarlo. ¡Tengo unas ganas de irme a vivir a mi propio apartamento!

-No te lo recomiendo, Elisa, todo son gastos y no llega ni para un capricho si tienes un sueldecito como el mío -dice Ana mientras cierra las persianas de su apartamento- es para que no se meta el gato de la vecina, me gusta tener la ventana siempre un poco abierta y a él le gusta dormir en mi cama, con mi gata y tirar todo lo que encuentra a su paso.

-Mi sueldo va a ser como el tuyo o menor, ya verás. Pero bien organizado me va a dar para mucho -dice Elisa.

Las dos jóvenes, Ana y Elisa, salen del piso hablando amigablemente, ríen y hacen planes de sus próximas vacaciones juntas. La vida les sonríe y lo quieren celebrar.

El barrio parece distinto, ya no hay tanta gente por la calle ni los bares están tan llenos como antes. Cuando llegan a la plaza encuentran allí a todo el mundo, jóvenes, niños y viejos que se dedican a lo que más les gusta; unos juegan en los columpios, otros hablan sentados en los bancos, otros apuran colillas que les queman los dedos  mirando pensativamente hacia un futuro incierto, mientras otros rebuscan, en los bolsillos vacíos, para ver si les llega con las pocas monedas que encuentran, para tomar un café en el bar de la esquina, mientras ven el partido que ya no pueden ver en casa, porque ahora es de pago.

Ana y Elisa van por la calle, hablando y riendo como en sus mejores tiempos, esos en los que no existían más problemas que aprobar los exámenes y salir con el chico que más les gustaba del instituto a tomar un helado o al cine del barrio en las sesiones de tarde. Ahora todo es más complicado.

Paran en la nueva hamburguesería, la recorren de arriba abajo buscando en donde sentarse y mirando si encuentran a alguien conocido; al final se sitúan en una mesa cerca de la puerta y de las escaleras que van al piso superior. Piden la oferta de la casa y dos cervezas bien frías, que se van tomando mientras Elisa dice lo que quiere hacer con sus primeros sueldos; primero quiere sacar el carnet de conducir y comprarse ropa interior bonita; luego ahorrar para comprar un coche y con él irse de vacaciones las dos a una zona en la que haya buen tiempo, playas y mucha marcha. Eso les hace reír encantadas.

Tanto tiempo han pasado charlando que una de las camareras se les acerca y les informa que van a cerrar el local. No se han dado ni cuenta del tiempo que ha pasado.

Cuando se están poniendo los abrigos oyen bajar en tropel por las escaleras a unos chicos que ríen estrepitosamente.

-¡Ana! -grita uno.

– ¡Elisa! -grita el otro.

 Se besan y presentan.

-Elisa, este es David.

-Ana, este es Santiago.

Los cuatro jóvenes están encantados de haberse encontrado, desde el instituto no se veían y tienen mucho que contarse. Congenian y se sienten cómodos charlando y bebiendo, primero en un local, luego en otro, para terminar los cuatro en el piso de Ana jugando al Trivial, bebiendo y riendo. De algún lugar sale un porro que comparten y les hace reír durante horas, luego una raya de coca que les pone las pilas y juegan a todos los juegos conocidos, incluidos los de cama, para volver al trivial y al café con alguna cabezada en el sofá de vez en cuando.

Ana abre la persiana, amanece, pero el lunes no es lunes, sino que es martes. Hace café mientras los demás se desperezan, Elisa se ducha y le pide ropa prestada a su amiga.

Tras desayunar los cuatro felices, por lo bien que se lo han pasado, Elisa se despide para ir a su nuevo trabajo. Reparte besos y números de teléfono y quedan en volverse a ver el fin de semana siguiente.

Elisa llega a la clínica dental y encuentra a una joven en el mostrador de recepción, es una chica gordita, que le suena de algo pero no sabe de qué y le pide que avise al director porque es su primer día de trabajo y se quiere presentar.

-Señorita, Elisa, -le dice el director- ¿Sabe usted que hoy es martes? Llega veinticuatro horas tarde.

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Una respuesta a Vámonos de fiesta. (Amaya Puente de Muñozguren)

  1. Mar dijo:

    ¿No te parece que podría ser un guión para un corto? Muy chulo, Amaya!! Saludos y suerte.

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