Un buen comienzo (Pólvora Mojada)

Gabriela se despertó sobresaltada. Nerviosa y sin hambre, se levantó de la cama de un respingo y fue directa al baño. Por fin había llegado el día. Había que acicalarse.

Se había pasado toda la semana pensando en él. Aparentemente, era justo lo que estaba esperando después de mucho tiempo. Se habían conocido a través de una de esas páginas que usa la gente para contactar entre sí con la esperanza de que surja algo más que sexo o amistad.

Terminó de ducharse en diez minutos, pero le costó más de una hora domar su cabellera castaña rojiza, siempre rebelde. Decidió maquillar su pálido rostro con tonos suaves, sin demasiados artificios. Un par de toques de colorete, una sombra de ojos un tono más clara que su parda mirada y un poco de rímel le bastaban. Añadió brillo a sus rosados labios, se miró en el espejo y se vio perfecta. Era ella, arreglada, pero de una forma muy natural. Tenía el modesto vestido verde oscuro de encaje preparado sobre la cama, lo tomó entre sus manos y se lo puso rápidamente. La melena suelta no le convencía, así que decidió amarrar su pelo en una coleta alta, se calzó unas bailarinas a juego con el vestido, se puso su inseparable cazadora negra, cogió su bolso y se echó a volar.

Bajaba las escaleras con paso decidido y, por dentro, rogaba que, por favor, éste fuera el bueno, el definitivo, mientras se autoconvencía de que los sapos eran historia.

Habían quedado en la estación de tren, era lo más cómodo para él y a ella le quedaba cerca de casa. En cuanto atravesó la puerta del recinto, la estación se llenó de gente y Gabriela observaba a su alrededor, intentando encontrar una cara similar a la que había visto en la foto de perfil. Y, de repente, un chico muy alto y bastante atractivo, la estaba mirando y a Gabriela no se le ocurrió otra cosa mejor que decirle: “¿Eres tú?”. Al momento, se dio cuenta de lo ridículo que sonaba, así que cuando Roberto tropezó con la puerta de cristal al salir de la estación, Gabriela se sonrió, pensando que sí, él también estaba nervioso.

Se fueron a desayunar a una cafetería cercana. Gabriela no era nadie sin café y ese día la prisa y las ganas le habían impedido tomarse una taza en casa, por lo que estaba absolutamente necesitada de ingerir cafeína en vena. Para Roberto, sin embargo, era el segundo. Café sólo con hielo, por cierto, a pesar del fresco matutino. Ella era más de café con leche desnatada, todo muy calentito y con azúcar. Hablaron de todo, como ya habían hecho antes de verse las caras, en aquellos largos mensajes que se enviaban día sí, día no. Apenas se conocían, pero tenían la confianza de los que se conocen de toda la vida. La química era innegable e, incluso, de vez en cuando, sus manos se rozaban, sin terminar de definir lo que realmente deseaban.

La mañana se hizo corta, pero Roberto debía irse, tenía que trabajar. Llegaron tarde a la estación, pero el tren también salía con retraso y la despedida fue intensa, pero algo fría, pues Roberto quiso besar a Gabriela, pero ella le torció la cara y los labios del chico se clavaron a fuego en su mejilla derecha. “Para el primer día es suficiente”, pensaba ella. Él se subió al vagón y ella fue sonriendo hasta llegar a casa.

Habían quedado para verse siete días después. Sus agendas eran complicadas. Era temporada alta y Gabriela debía estar al pie del cañón para atender a los turistas, que llegaban en masa. Pero a mitad de semana, Roberto no pudo más y le mandó un mensaje. Cuando Gabriela leyó la propuesta en su móvil, le temblaron las piernas de la emoción: “Lamentablemente, no he podido ir a la playa, así que me he quedado en casa y resulta que cocinar no es lo mío. He llamado a un restaurante llamado “La Fortaleza” y me han dicho que no preparan cenas para una sola persona. ¿Conoces a alguien que quiera venir a acompañarme mañana?” Dando saltitos, Gabriela le respondió que sí con algo de desdén y comenzó a pensar qué ropa llevar para una cita en el mejor restaurante de su ciudad.

Pasaron algo más de 24 horas y a ella le pareció una eternidad. Eran las 22:03 y Gabriela llegaba, radiante, a la estación de tren, otra vez. Pero esa noche Roberto estaba dentro de su coche, un viejo Mercedes negro, esperándola ansioso a las puertas del recinto. Vestía un traje de chaqueta gris clarito y una camisa blanca con rayitas azules en el cuello a juego con sus zapatos. Nada que ver con los vaqueros y la camiseta negra del otro día. Afortunadamente, ella se había puesto un bonito vestido azul marino con estrellitas blancas, ajustado en su cintura con la ayuda de un ancho cinturón marrón, a juego con sus botines y su chaqueta. Se dirigieron a “La Fortaleza” y disfrutaron de una deliciosa cena, que se alargó hasta la madrugada a medida que el café inundaba sus gargantas. Arreglaban el mundo, reían y compartían confidencias. Y al final de la noche, sus manos no dudaban en juntarse y sus labios actuaban cual imanes.

Y la tercera cita llegó. La brisa azotaba suavemente la frondosa cabellera de Gabriela y arrastraba con gracia el perfume a lavanda y camomila. Sentada en un banco cualquiera, esperaba la llegada de Roberto mientras portaba en sus manos un viejo libro de tapa dura desgastada. Sus largos dedos jugueteaban con el borde de las páginas, mientras la miel de su mirada se mezclaba con el olor a almendras amargas de las primeras líneas. Ensimismada, no se daba cuenta de lo que ocurría a su alrededor. Los niños correteaban sin cesar, el polen se esparcía por doquier dejando su marca imborrable y los gritos de una madre histérica a su hijo alteraban el buen ambiente dominguero del parque. Y Gabriela, ensimismada en el aroma embriagador de las palabras, no veía que Roberto se acercaba lentamente hacia ella, sonriendo y presagiando con el brillo de sus ojos la promesa de un futuro incierto pero esperanzadoramente hermoso. Y las horas pasaron deprisa y, al tiempo, un halo de eternidad colonizó con su magia cada momento. Y amaneció y el lunes no era lunes, sino que era martes y ellos ya no podían separarse.

Conoce más sobre la autora en http://depolvoramojadayotrosrelatos.blogspot.com.es  y http://depolvoradormidayrelatosvarios.blogspot.com.es

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