ODeDeDeSe (Mª Luisa López Cortiñas)

Me gusta la playa a primera hora de la mañana. Yo voy con mi cámara, y capto los restos de las borracheras. En tiempos antiguos seguro que muchos barcos encallaban en las costas, hoy son los inglesitos los que yacen entre sus rocas y arenas. Me gusta ver a esos cerdos vociferantes tantear el espacio como si fueran ciegos sin perro ¿sabe? Cada uno tiene sus aficiones,  y esa es la mía, puede usted llamarme raro, pero yo no hago daño a nadie, simplemente lo uso para divertirme ¿entiende?

Esa mañana, en el lateral de la playa que está cerca del espigón, pegado a una roca, avisté al joven. Me acerco. ¡Ya me siento ya! No se altere. Como decía, me acerco, mantengo una distancia de seguridad de dos metros, y comienzo a filmar. Parece que empieza a despertar de su borrachera, aparenta estar perjudicado, pero mi larga experiencia me dice que no está tan mal.

Se tapa las orejas con las manos, retuerce la boca con gesto de dolor, es un hombre joven, muy joven, lleva pantalón corto verde, y una camiseta tipo imperio dos tallas más pequeña de lo que corresponde a su envergadura, debe de medir tanto como yo, uno ochenta o así. Tiene un cuerpo atlético, incluso se intuye una buena tableta de chocolate que dirían mis amigas. Intenta levantarse, pero vuelve a caerse a plomo sobre la arena amarilla de la playa que contrasta con el tono rojo tirando a granate de su piel, regalándome una imagen impagable. ¡Qué contraste más bello!. Sus ojos posiblemente sean de color claro, pero no acaba de abrirlos, la luz del sol parece que le ciega. Cada vez que intenta incorporarse asemeja un cangrejo panza arriba, revoloteando las extremidades sin ningún sentido, a mi me entran ganas de acercarme, y hacerle unas carantoñas con la mano en la tripa, como se hace con los bebes. En realidad parece un bebé grande y torpe. Después de varios fracasos consigue ponerse en pie, yo doy unos cuantos pasos hacia atrás, en su estado no parece peligroso, pero con esa gente uno nunca sabe ¿entiende? Otea en todas direcciones, cuando se percata de la carretera, decide encaminar hacia allí sus pasos. Son pasos torpes, lleva la cabeza unos treinta centímetros por delante del cuerpo, cada dos pasos se para, parece que tropieza, pero solamente frena para recuperar el resuello. En esos momentos incorpora la cabeza, el brazo derecho en jarra sobre la cintura, y después de unas cuantas respiraciones continúa el camino. Yo revoloteo a su espalda como si fuera una mosca en otoño, pero estamos en primavera, y el gachó me está dando unos  planos de perfil y de cuerpo completo cojonudos, oiga, cojonudos. Me deleito en torno a su andar desgarbado. Estoy tan entusiasmado con la película que me está proporcionando, que no reparo en los detalles. Cuando llegamos al muro que separa la calle de la playa, comienza a caminar apoyándose en el mismo, tardamos una eternidad en recorrer los trescientos metros que nos debían de separar de la escalera de piedra que conduce a la avenida ¿sabe?

 Al llegar a la escalera le adelanto, quiero tomar primeros planos de su esfuerzo subiendo la escalinata, me gusta cuando la gente se esfuerza, y éste ejemplar no me decepciona. El sudor le cae a chorros, y un extraño rictus acompaña su boca peldaño a peldaño, en algún momento intenta decirme algo, pero yo le digo que continúe, que lo está haciendo muy bien, incluso con el índice y el corazón le digo que todo ok, que está quedando de puta madre. Cuando por fin llega a la acera, se sienta en el primer banco que encuentra, éste está a menos de un metro de distancia de la escalinata. Pone sus manos de visera, e intenta leer un panel electrónico que pone Martes 13  29 grados centígrados. Yo sigo grabando en la distancia, pero empieza a hacerme señas. Debo llevar una hora grabando, ya hay confianza y me acerco. Por sorpresa, agarra mi brazo con unos dedos rojos como chorizos, y cubiertos de burbujitas, me dice o me pregunta “martes”, “martes”, y señala el panel. Le confirmo que sí, que es martes. En un perfecto español me dice “Amaneció, y el lunes no era lunes, sino que era martes”. Pensé que era un poeta en pleno delirio. El nuevo Panero o un émulo de Sabina. Le confirmé que sí, que hoy era martes. Seguidamente me pidió la hora. Las ocho y media. Preguntó si de la mañana o de la tarde. De la mañana le informé. Me dijo que estaba cansado, y que tenía tiempo para dormir un poco más. Seguidamente y sin previo aviso, ¿entiende usted? , sin previo aviso, se desplomó sobre mi cuerpo, me vomitó encima, caímos los dos al suelo, y rompió mi cámara. Tengo el cuerpo lleno de moratones del golpe, mire señor juez, mire. ¿Entiende?  Me he lavado la boca desde entonces cada cuarto de hora, y continuo oliendo su vómito en mis ropas. Y ya ve, la ropa no puede estar más limpia, me la ha traído mi madre ayer por la mañana, la señora policía me ha dicho que huele a talco, y yo sé que mi madre echa cosa de esa para que la ropa huela a primavera, pero yo sigo oliendo su vómito. Se me eriza la piel sólo recordarlo. ¿Lo ve? Ya me siento, ya.

Los guardias han sido majos. Me han dejado cambiarme. Yo creo que no por mí, sino por ellos, cuarenta grados y sin aire acondicionado la mezcla era explosiva. No vea que olor estaba cogiendo el calabozo.

Como le iba diciendo, una vez que me cayó encima, no me podía deshacer de él, era delgado, pero muerto debía de pesar una tonelada cuando menos. ¿Lo entiende usted? ¿Me escucha? Me rompió la cámara. Alguien tendrá que pagar el destrozo. Alguien tendrá que hacerse cargo del mal sabor que se ha instalado en mi boca. Lo peor es eso, el sabor, el olor y la pérdida de la cámara. No es posible arreglarlo. Alguien me tendrá que indemnizar ¿no?

Oiga usted, el chico se levantó por sus medios. Vienen, inundan la ciudad con su alegría y su mierda, se beben el agua de las jardineras, se pelean, miccionan en la calle, defecan donde les pilla, dormitan en la playa, y ¿ahora soy yo el responsable? Sepa usted que yo no soy ninguna niñera, ni ningún médico para saber si están o no al borde de la muerte.

Así, con un par, me acusan de omisión del deber de socorro o como diría un moderno o-de-de-de-ese. Sí, sí, joder hay que joderse. Al final el culpable de que ese borracho muriera voy a ser yo. ¡Venga ya!  ¡A saber lo que se había metido “pal” cuerpo!

No sé si abrir una campaña en echange.org para que retiren la acusación, o una campaña de crowdfunding para comprar una cámara nueva. Lo mejor será iniciar las campañas cuanto antes. ¿Y usted? Sí, usted, señor abogado ¿se va a quedar así como un pasmarote?

Yo soy un tío honrado, un tipo honrado al que le gusta visitar la playa a primera hora de la mañana y ver lo que deja la noche en la arena, quizá sea un poco voyeur  pero  eso no es delito ¿no? ¿Qué culpa tengo yo de que a un puñetero inglesito le dé por morirse?

¡No joda! ¿Era español? O sea, cienes y cienes de ingleses borrachos, y yo siguiendo a un mierda de español. ¡Hay que joderse con el multiculturalismo de los cojones!

Lo ve señor abogado, soy un tipo con mala suerte. Claro, ahora todos se juntan con todos, y los rasgos físicos no dicen nada seguro de nadie. Te puedes encontrar un negro español, un pelirrojo español, un chino español ¡si es que así todo es más difícil!

Porque soy un hombre muy hombre y no me voy a echar a llorar. Si hubiera sabido que era español nunca le hubiera grabado, y nunca se me hubiera muerto encima. Eso es lo que tiene que entender señor  juez, es todo circunstancial, cir – cuns – tan – cial.

Yo no me tengo que tranquilizar, llevo aquí cuarenta y ocho horas comiendo a base de bocadillos, café y agua. Yo creí que en estos casos a uno le trataban mejor. Habrá visto que yo no tengo antecedentes, no soy ningún delincuente, soy un tío al que persigue la mala suerte. Usted me entiende ¿no?

¿Y quién me paga la cámara? Eso yo lo quiero denunciar, no puede ser que un tío se te muera encima porque sí, y nadie se haga cargo de sus destrozos ¿no? Tendría algún seguro ¡digo yo! Ahora te aseguran todo.

Después de cuatro horas el abogado de guardia salió de allí agotado. En el fondo ese pobre infeliz tenía razón, todo era circunstancial y producto de la mala suerte. Un ciudadano normal, por mucho que digan, no puede dar un diagnóstico sobre la salud de nadie. Al menos había firmado el juez auto de libertad provisional, y el chico podía regresar a casa. Antes de ir al despacho, decidió pasar por la iglesia, rezará por el alma del muerto y por no tener que defender al vivo. No le gustan los casos “circunstanciales”. No, no le gustan.

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Tema del mes y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a ODeDeDeSe (Mª Luisa López Cortiñas)

  1. manolivf dijo:

    Me ha gustado mucho, M. Luisa. Es una narración de gran soltura, muy verosímil. En consonancia con estos tiempos desnaturalizados, en los que es más importante “filmar” que actuar…Te deseo suerte. 🙂

  2. Luisa dijo:

    ¡Ups! Gracias por tu tiempo y comentario. Disculpa la tardanza. Tiempo de locos. ¡Ains! Un saludo.

Tu opinión es importante

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s