Volviéndome malo (Tarodsim)

Domingo

Soy un puto adolescente y odio a  mi familia, sobre todo los domingos como éste. Me refugio en la planta de arriba de este dúplex que llamamos casa. Me acerco a las escaleras y oteo los dominios del televisor. Veo los pies de mi hermano. Se está rascando. Le observo a través de un caleidoscopio y veo cristales de colores enclaustrados. La imagen de mi hermano hurgando entre sus dedos sigue siendo desagradable. Tiro el caleidoscopio escaleras abajo y aguanto la respiración. Tengo la esperanza de provocar un caos. En ese tubito parece que hay mucha energía contenida, una supernova en potencia de diminutos cristales, pero no. Miro el tubo cómo gira y se golpea en el segundo escalón, cómo se acelera desganado, como un luchador de pressing catch a punto de jubilarse. Cae intacto en la alfombra del salón. Suspiro. A todos les gusta el orden y esos cristales no son una excepción. Mi familia sigue frente al televisor. El ruido del caleidoscopio sobre la alfombra impoluta les obliga a subir el volumen. Si quiero generar el caos voy a tener que asumir responsabilidades.

 

El otro día leí algo sobre los ritmos circadianos. Si me enteré bien eran algo así como unos relojes internos. Los geranios y yo sabemos a que hora se supone que sale el sol y nos adaptamos a eso. Los leones también lo saben pero les da igual, dormitan durante todo el día. En esta casa no entra la luz. Las persianas están siempre bajadas porque el reflejo sobre la pantalla de plasma les jode el espectáculo. La única luz que reciben en esta casa es la que sale de esa pantalla de 90 pulgadas que invade el salón. Yo, por suerte, paso varias horas al día leyendo en el parque.

Soy un puto adolescente friki y voy a hacer un experimento. Dentro de una hora más o menos se quedaran todos dormidos. Es su momento de la siesta. El televisor, por supuesto, seguirá encendido. Mis conocimientos de informática van a servir para algo. Voy a revolucionar la hipnosis. Es fácil. Hoy domingo, sobre las cinco, cuando todos despierten de su siesta, en el televisor verán la programación de ayer sábado. Dudarán un momento, pero confío en su estupidez. Un leve parpadeo, cejas levantadas, bostezos. Eso será todo. Me voy, tengo trabajo que hacer.

 

Lunes

El experimento está siendo un éxito. Los sujetos asumieron su viaje al pasado con total naturalidad. Vieron las noticias repetidas y no les extrañó demasiado. Aunque tampoco les culpo. El tiempo, el paro, la corrupción. Siempre es lo mismo. Lo que sí sorprendió a mi familia fue mi presencia frente al televisor. Sabía que podía despertar alguna alarma en sus cabecitas, pero necesito estar en el salón para observar sus reacciones. “¿Ya no te quedan libros que leerte cabezón?”, dijo mi hermano mayor en un alarde de ironía.

Según el principio de indeterminación de Heisenberg voy a alterar lo observado. Eso explicaba al menos Jeff Goldblum en la secuela de Parque Jurásico. Vale sí, yo también veo películas malas, pero con precaución.

Hubo un momento en que pensé que mi padre se iba a dar cuenta, porque él sigue cada sábado el sorteo de la primitiva. Joder, ayer mismo se quejó de que nunca salen sus números. Se quedó pensando un momento. “¿Hoy es sábado?…sí claro, que tontería, si dan el sorteo de la primitiva es que es sábado…”. El resto de la familia asintió como si estuvieran en misa, en silencio. Debe ser que en la Iglesia tampoco entra mucha luz. Cuando acabó el sorteo volvió a lamentarse de su mala suerte. “Creo que soñé con estos números”, comentó más triste que nunca.

Se fueron todos a la cama, convencidos de que era sábado, así que hoy lunes, mi padre no fue al trabajo, ni mi hermano a la facultad. Para que no hubiera interferencias he bloqueado los teléfonos. Con un poco de suerte echaran a mi padre de esa empresa de mierda y aprenderá a no quejarse por estupideces. Yo me quedé despierto viendo una serie en la que aparecía un tal Heisenberg, aunque no es el de la incertidumbre. Breaking bad se llama. Volviéndose malo creo que es la traducción. Eso es lo que me está pasando a mí. Hoy lunes, domingo para mi familia, he empezado a notar algunos efectos. Ni siquiera me apetece leer, pero echo de menos mi paseo por el parque.

Ya se han ido todos a la cama. Mañana se darán cuenta de todo. Mañana martes, lunes para mi familia.

Yo voy a quedarme un rato más viendo esta serie sobre volverse malo. Tengo tanto que aprender.

 

Martes

Amaneció, y el lunes no era lunes, sino que era martes. Aunque mi familia todavía no lo sabía.

 

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