Pirgul (Graci)

Crecí al ritmo de tus caricias. Casi no podía abrir los ojos, y tu ya estabas ahí, como siempre. En tu regazo estaba caliente y seguro, me acariciabas constantemente, largos ratos, repetida la misma cadencia, una y otra vez.
Aprendí así, al estar a tu lado, a conocerte. Alegre y dicharachero a veces, otras, silencioso y taciturno, variable y feliz.
Vamos, -me decías- seguro que tienes hambre, hemos hoy caminado mucho tiempo, y hace frío ya. Ven, mi madre ha preparado mi estofado preferido, sólo para mi. ¿Tienes hambre?,¡Vamos compañero, corre!.
Pero algo ocurrió. Durante un largo periodo de tiempo dejaste de ir a la escuela, estabas en casa, postrado en una extraña silla o en la cama, hablabas poco, a veces ni lo necesario, y sufrias grandes dolores, lo sé. Creo que fue en esa época cuando desapareció esa persona que pasaba tanto tiempo contigo, cuidaba de ti y te acariciaba. Desapareció y no volvió, todo el mundo entristeció, imagino que por ella.
Te recuperaste, volviste al colegio, pero no estabas ya, todo había cambiado. Tus silencios eran tu forma de ser; la rabia, tu manera de comunicarte. Tus ideas te comprometían demasiado, reivindicabas lo imposible, peleabas con el pacifista y convidabas al conflicto. Tus amigos huyeron, tu familia se escondió, y te quedaste solo, conmigo, siempre a tu lado, sin saber qué hacer, de pié.
Tus caricias eran más ásperas, con amor, pero sin ternura. Tu casa se convirtió en un infierno para ti, lo intentabas, mirabas sin ver, no querías ni podías cruzar esa barrera de miedo, de impotencia, eras muy joven y tan viejo a la vez, y tu sien empezaba a platear.
Querías una vida distinta, tanto peso en tu cabeza que estabas a punto de estallar, ya ni a mi soportabas e incluso alguna vez me trataste mal.
Y te fuiste.
Y quedé solo, viviendo de la compasión de los que durante algún tiempo aún me consideraban parte de ti. Te buscaba, correteaba entre la gente por si te habías perdido y me necesitabas, rastreaba pistas, y con el tiempo creí olvidar tu cara, tu voz, tu olor, y no te esperaba ya.
Pasó entonces un día una gachí, de calendario, esbelta, orgullosa y bien plantada, que levantaba su nariz con altanería y se movía con tanto garbo que hizo que la siguiera ciegamente al callejón.
Allí me habló del tango, me enseñó unos simples pasos y me arrulló mimosamente…y caí en la borrachera de la música, el baile, lo cercano y la pasión. Me dió una chaqueta mil rayas, una camisa negra con apresto, y zapatos negros y blancos. Cuatro. Cuatro zapatos de charol, uno para cada pata.
Ahora soy el perro tanguista. El más chulo de la calle y el más viejo del barrio, se me quiere y se me respeta.
Y sólo se me nubla la vista y mi ladrido se hace gemido cuando me traiciona mi falta de memoria y me llega tu olor, o una voz me hace alzar las orejas, o alguien grita alegremente – ¡vamos, compañero!. Entonces, de vez en cuando, mi canción favorita te la dedico a ti y a tus caricias ya perdidas…perro es que así somos los perros tanguistas, Carlitosromanticos de la esperanza.

…adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retoooornoooo
tachán

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Carlos Harry Gardel

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Una respuesta a Pirgul (Graci)

  1. Manger dijo:

    Un curioso homenaje perruno al gran Gardel. Mis saludos cordiales, Graci.

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