Destino (Rosa María Barreiro Díaz)

Las historias de amor no solo se forjan en los cuentos, ni en las películas, ni en los libros. También existen en la vida real. Puede que duelan, que no tengan un final feliz, pero nos dan ilusión para seguir viviendo y seguir teniendo fe en que el amor existe y que en algún momento y en algún lugar, dos personas conectan con el alma. Aunque sólo sean unos segundos, unas horas o un día. Lo importante es haber sentido algo que en ningún momento creímos llegar a sentir.

Para Teresa las personas aparecían en nuestras vidas en momentos determinados y por diversos motivos. Tantas como lecciones teníamos que aprender. No valía la pena resistirse porque si algo tenía que pasar pasaría y lo que se tuviera que quedar seguiría a nuestro lado. Creía firmemente que cada persona trazaba su destino antes de nacer, dibujando las personas y situaciones para nuestro crecimiento y aprendizaje.

Seguía creyendo en las historias de amor. Seguía soñando que su vida estaba ligada a alguien que formaría esa historia a su lado. Alguien que como ella, también creería que dos almas pueden vivir en un momento lo que otros intentaron en toda una vida. Su historia había sucedido hacia apenas unas semanas. Ahora él ya no estaba pero tenía fe en que volvería a buscarla, que volvería a sentir sus abrazos y sus besos. Su instinto le decía que un día, al salir de casa, volvería de nuevo a oir su voz susurrándole al oído:   ¡buenos días amor!

————————

 “……era temprano y como cada mañana Teresa saltaba de la cama sin apenas darse tiempo a respirar. Si lo hacía se agarraría de nuevo a la almohada y volvería a dormirse.  Sólo un pensamiento la frenaba unos segundos antes de levantarse:  el deseo de abrir los ojos, abrazarse a alguien y  susurrarle al oído una bonita palabra de amor.

Puso la cafetera en el fuego pensando en ello. El olor del café traía a su memoria momentos de mañanas anteriores y compartidas. Parecía que habían pasado mil años desde la última vez que había pronunciado un ¡te quiero!. A veces creía haber vivido mil vidas con la misma meta pero sin llegar a conseguirla. Se notaba cansada y se preguntaba por qué cuando amaba, algo sucedía y se paraba.

-No hay nada tan triste como el silencio que queda detrás de cualquier relación. –pensaba-. Silencio y soledad. Muchas preguntas pero ninguna respuesta. No saber si lo que se hizo era lo correcto o había quedado algo por hacer. Algo por decir. Cómo adivinar actuaciones, palabras o demostraciones de amor hacia otra persona, sin asustarla, sin presionarla, sin juzgar. Hacer todo lo posible por amarla y a pesar de ello, levantarse un día y ver que ya no estaba. ¿Sería acaso que había que dejarse llevar sin expectativas, solo viviendo el presente?. Fuera como fuere no podía engañarse: le dolía enormemente no haber encontrado todavía ese amor que acompañara su vida. .-¿quizás todavía estaba por llegar?”.

En esos segundos en los que el pensamiento la separaba del café, un pequeño pliegue de dolor hacia sombra en su corazón, pero se disipó al instante. Puso azúcar en la taza (dos cucharadas como siempre) y se dejó llevar por los pensamientos de todo lo que tenía que hacer aquel día. Había aprendido a no dejarse llevar por la tristeza. Tenía el mayor compromiso que se pudiera desear y era con ella misma: cumplir los objetivos propuestos y por fin disfrutar de la vida que deseaba entre sus libros y su ayuda a los demás y si en ésas, el amor aparecía ¡bendito sea!.

Olió el café mientras hervía en su vieja cafetera .

Un dia de estos tendría que comprar otra –pensó-.

Llenó la taza y se dispuso a saborearlo: – ¡ummmmmm!.. Apuro la taza con los ojos cerrados.  Apenas cinco minutos. Estaba lista para su carrera matinal hasta la playa.

Se vistió según el ritual de cada mañana. Sus pantalones cortos y su camiseta a juego (mirándose al espejo y comprobando que lo que veía le gustaba). Sus “ nike”  de color rosa completaban su atuendo. Una última mirada más en el espejo. Se despidió de Morgana “su gatita” y salió dispuesta a recibir aquellos rayos de sol que el cielo le ofrecía. Llegaría hasta la playa y allí le contaría a las olas aquellos sentimientos que le hacían mal. Quizás alguna lágrima los acompañara, pero volvería renovada, con ilusión y fuerzas para continuar .

Bajo por las escaleras ¡nunca cogía el ascensor! Su miedo a quedarse encerrada persistía desde hacía muchos años, tendría que sentarse un día con ese miedo y preguntarle que tenía que hacer para que desapareciera. ¡Si! un dia de estos todos los miedos desaparecerían. Sonrio para si y abrió el buzón.

-¡otra vez!….-¡Allí estaba!

Otro sobre del mismo color que los anteriores. Dentro la tarjeta con la misma frase:

– ¡buenos días amor!

-¡que tengas un feliz dia ¡

Algo dentro de ella se disparó y cayó en la cuenta de que llevaba meses recogiendo el mismo sobre sin pararse a pensar en ello. Según su manera de pensar la vida enviaba señales de aquello que más deseamos y tenemos que atenderlas. Pues bien, no sabía por qué aquella señal le sabia a muy fuerte y sin duda alguna debería escuchar lo que tenía que decirle..

Por un momento la visualización de un camino por recorrer donde al final alguien la esperaba y la abrazaba, se hizo muy fuerte e incluso unas palabras parecían rozar su oido.

-¡tardaste mucho amor! –le pareció escuchar-“.

Movió la cabeza para volver a la realidad, pero la visualización fue tan real que incluso sintió su olor. Todavía hoy recordaba ese perfume. Con él y su sentimiento de amor, se dormía cada noche, después de la última vez que le vió, esperando ahora que las señales llegaran a él.

En su afán por salir de años de tortura interna, había dejado de lado el ocio y los sentimientos que tuvieran que ver con enamorarse, centrándose en dirigir su vida por otro camino, con otros objetivos. Atendiendo a sus propios sentimientos y no a los que tenían los demás. Tratando de valorar lo que llenaba su vida  y trabajar en aquello que quería. Dejando que la vida fluyera al ritmo que tuviera que hacerlo. Superando los miedos y ansiedades que nublaban sus sueños y la desvaloraban. Ahora solo quería el aire que le proporcionaba el abanico de las cosas buenas y rodearse de personas positivas y con sus mismos valores. Acabó por darse cuenta de que había dejado de lado su corazón sin  prestar atención a quien le ofrecía amor.

De nuevo miró el sobre y el miedo volvió.

-¡Si le presto atención, desaparecerá!.

-¡Volvería a pasar de nuevo! Cuando la ilusión empezara, algo sucedería y todo se pararía.

No había descubierto que hacía o dejaba de hacer para que aquello se repitiera. Tampoco había conseguido saberlo porque para no darle más vueltas, lo dejaba pasar y volvía a empezar, esperando que asi el misterio se resolviese.

-Pero ahora -¡ soy otra persona ! –se dijo para sí-. No tiene porque pasar lo mismo. ¡Sabré llevarlo!

-Esta vez no hay nada que perder. Dejare que todo siga su curso.

-¡vivir el camino!, – ¡vivir el presente!

Releyó de nuevo las palabras de la nota. Una emoción de ternura la invadió y con ella el deseo de tener en ese momento, allí delante, a la persona que las escribía. Por un instante notó el calor que le provoco sentirse amada y deseada. Se sintió feliz.

-Después de Marc, su última pareja, no se había planteado pensar en nadie de esa forma, si acaso tan solo para momentos puntuales. Pero aquella mañana, volvió a ella la ilusión telonera del sentimiento llamado amor. Alguien, que ni siquiera conocía, le enviaba mensajes”.

-Digno de una bonita historia de amor ¿podría ser real?..¿bastaba con creerlo? –pensó ilusionada-.

Salió a la calle y empezó a correr.

Aquel día la carrera estuvo llena de una alegría impropia de los últimos tiempos. Se sintió observada. La luz que transmitía sentirse feliz no pasaba desapercibida a nadie y Teresa, en aquel momento, era la persona más feliz del mundo.

En dos semanas se enamoró primero de sus palabras, las que encerraban sus mensajes. Palabras llenas de unos sentimientos que siempre quiso escuchar. Mensajes en los que prometía cuidarla y atenderla. Después, en el mismo instante en que le conoció, se enamoró de él.  

A partir de ese día todo sucedió deprisa.

Teresa vivió en un mundo de fantasía, aunque breve Los mensajes intercambiados entre los dos llenaron los espacios en los que no se veían. Por primera vez sentía que todo salía bien. Creyó en sus palabras, en que la vida era bella y en que por fín el destino se ocupaba de darle lo que se merecía y estaba dispuesta a vivirlo y a disfrutarlo. Por primera vez no le importaba el final, sino el camino.

-Todo es el complemento perfecto que estaba esperando.

Buscó con el corazón la mejor canción y la encontró. ¡ TE MIRO A TI ! era perfecta y con su letra describía como se sentía. Pensaba que todo lo que sucedía en la vida tenía que estar bañado por una sintonía, por una canción y su historia tenía la más bonita.

Se dejo llevar. Lo amó sin pensar. Su besos, sus caricias, sus abrazos y su ternura terminaron envolviéndola en una historia de amor, la suya, la que siempre había soñado. Una historia que al igual que llegó, terminó. Se fue sin decir adiós, sin ninguna explicación.

-¡Sólo dos semanas!

Después de eso Teresa volvió a meterse entre sus escritos y relatos. Intentó llenar espacios vacíos que le traían su recuerdo. Dejo de preguntarse ¿por qué? Ó ¿para qué? ó ¿Qué lección tenía que aprender?

-Trataré de adivinar el mensaje y guardaré su recuerdo en otro sobre de distinto color y con distinto contenido: -¡aquello no podía haber terminado!.. quizás el destino tenga ahora otros planes para mi. No podía ser tan sólo una mera coincidencia. Quizás tenía que esperar. Volvería a encontrarle más adelante. Necesitaba creer que la luz que alumbro el camino para conocerse sería la misma que les reuniría en ese sendero que visualizaba donde al final él estaba esperándola. Esa luz que los volvería a unir en el mejor momento que pudieran amarse de la mejor manera. La más bonita. La luz ideal que alumbra las historias de amor, donde éste es incondicional. Como debe de ser.

Para gestionar mejor sus sentimientos y de acuerdo con su manera de aceptar sus emociones, ganó la batalla a la tristeza escribiendo en un diario todo lo que sentía y como lo sentía. Lo que escribía se lo contaba a él con la firme intención de que sus palabras conectaran con su alma y sucediera algo para volver a verse.

-duele echarte de menos amor, pero quiero creer que nuestro próximo encuentro durará tanto que llenara las vidas pasadas y las futuras y que tendremos un presente que nos llenará de todo lo aprendido. No quiero decirte adiós, solo un ¡hasta luego!. No te vayas muy lejos. Seguiré sintiendo hasta entonces, como tu mano se aprieta con la mia dándome fuerza y seguridad. Seguiré sintiéndome abrazada por tu ternura, por tu cariño, por esos brazos que no puedo olvidar. Quiero tocar el cielo cada noche viendo como me sonries y me das las buenas noches. Quiero amarte sin límites, traspasarte el corazón y dejarte la estela de este amor que siento por ti.

-¡Hasta pronto mi amor!

Había pasado un mes desde entonces. Ahora, aunque con el pensamiento, era ella quien le daba los buenos días y las buenas noches y por las tardes intentaba conectar con él a través de su canción. Empezaba a dejarle al destino el final de aquella bonita historia.

Muchas veces dolía decir adiós, sobre todo al amor, pero forzar no era el plan de la vida, si acaso invitar o acompañar a los que pasan a nuestro lado siendo fuertes para aceptar que a lo mejor en esta vida no sea  posible amarse, pero quedaba la esperanza para otra. Sólo había que tener paciencia, saber esperar y que en el tiempo de esa espera el deseo fuera mayor y el miedo a estar juntos ya no existiera.

-“Hoy descubrí que la paciencia me acerca más a ti, amor. La paciencia me ayuda a comprenderte y a mantener la distancia. Con ella afronto el miedo a perderte y también a tenerte. Con ella practico la espera del mejor momento que me acerque a ti. Todo tiene su tiempo y el tiempo es un “todo” formado por el pasado, el presente y por el futuro. El tuyo. El mio. El nuestro……”

“temí de nuevo al silencio y quizás por eso volvió”.

———————————

Pulsó la tecla “send” en su ordenador.

-Su historia tenía que ser contada.

Se quedó pensando en que nos aferramos sólo a recuerdos y nunca demostramos lo que sentimos. Todo lo que toca el corazón y lleva emociones debería de ser contado. Quizás su historia devolviera ilusión a muchos corazones solitarios. Quizás él también la leyera y le hiciera feliz saber que alguien, en la distancia, le amaba y le recordaba. Quizás por leerla, una día al volver a casa, él  estaría esperándola.

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3 respuestas a Destino (Rosa María Barreiro Díaz)

  1. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, me ha gustado tu relato

  2. PATRICIA LOPEZ dijo:

    Muy bonito. Un saludo

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