Matar a Obama (María Luisa López Cortiñas)

Punto y aparte. Miró la hora, las doce en punto. Pulsó la tecla de publicar y en un nanosegundo la maquinaria infernal de la lista de correo se puso en marcha. Consultó nuevamente el reloj, el tiempo dejó de escurrirse entre los dedos y se convirtió en una anciana inmóvil, no habían pasado ni dos minutos y ya iba por mil. Llevaba años planeando este asalto al reino de los trending topic, una buena presentación para alcanzar el cielo. Actualizó la aplicación para consultar las visitas que iba recibiendo. Diez minutos en el ciber espacio y ya superaba las treinta mil. Todo iba según lo esperado. Comenzó a frotarse las manos en señal de regocijo, hasta que fue interrumpido en la tarea por unos golpes en la puerta. En cuanto la abrió, fue invadido por lo que en aquellos momentos le pareció un número infinito de antidisturbios. Tomaron su casa como buitres, mientras tres agentes de paisano le conducían a comisaría, seguramente para interrogarle.

—¿Nombre?

—Ramón Alvar. Nacido en Madrid, el mismo año de naranjito…

El guardia le interrumpe bruscamente:

—Deje las florituras

—Del 82— contestó, mientras pensaba que menudo ignorante.

—Escritor freelance, señor.

—Póngase guapo para las fotos.

—Confirmado que no está fichado— apostilló un compañero.

Ramón acicala un poco su cabello castaño para salir favorecido, éstos no eran profesionales de la cosa, y lo que le faltaba es que le retratasen con cara de terrorista, una vez puesta la maquinaría en marcha sabía que sus ojos azules de inocente ángel no le iban a salvar.

—¿Cómo pensaba usted matar al presidente? ¿Cuándo? ¿Quiénes colaboran con usted?

—Se lo vuelvo a repetir. Soy escritor, éste era el cuento que me iba a sacar del anonimato, todo iba estupendo hasta que han llegado ustedes.

—¿Se cree que somos idiotas?

—Comienzo a tener la certeza, ¿alguien cree que si voy a matar a alguien lo anunciaría utilizando la red?

—Eso pasa cada dos por tres, niños que se quieren vengar de aquellos que le han hecho la vida imposible, hombres que después de mucho advertir llevan a cabo sus planes fríamente.

—Créanme, yo solo buscaba subir las visitas a mi web y vender mi libro.

—Sepa usted que ha sido intervenida y ya la hemos cerrado.

—Ustedes están locos. ¿Cómo voy a matar a alguien que está a miles de kilómetros de distancia? ¿Cómo?

Así transcurrió un día, y otro día, y otro, reafirmando ante todos una y otra vez que él no quería matar a nadie, que nunca había hecho planes para matar a nadie, que los mosquitos le devoran en verano, y el frío se infiltra en invierno en sus huesos.

Un día amaneció la celda en silencio, cuando el guardia sospechó de aquel bulto inmóvil debajo de las sabanas abrieron la puerta. Vacio, al lado del lavabo una nota:

Si no estoy aquí, el plan para escapar ha funcionado.

Respecto a todo lo demás, sepan que la inteligencia artificial ni es inteligencia “ni es ná”.

Ramón Alvar encendió el PC, abrió el procesador de texto, entró con su contraseña en su blog, primera entrada:

Matar a Obama ,escribió aporreando las teclas como si en ello le fuese la vida.

Preparó un café, al olerlo soñó que esa frase le haría merecedor del Nobel, no había cuento más corto ni más perfecto.

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Una respuesta a Matar a Obama (María Luisa López Cortiñas)

  1. amaiapdm dijo:

    Gracias por escribir, me ha gustado tu relato. Un saludo literario. Amaya

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