Chambre avec petit déjeuner (Mar)

El tren salía a las 8 de la mañana dirección París, tenía el billete comprado desde hacía tres meses, siempre buscaba las ofertas más ventajosas para viajar, pero esta vez no era un viaje de placer, era la nueva  dirección que tomaba mi vida. Ya llevaba un año sin pareja y seis meses sin trabajo, así que, había decidido celebrar el nuevo año empezando desde cero en otra ciudad. Iba en busca de trabajo, con un poco de dinero ahorrado que me daría para tirar tres meses y una pequeña maleta llena de ropa anticuada, mi situación económica no marcaba tendencias, solo marcaba signos de resta sobre rojo en mi cuenta corriente.

 Todavía no había arrancado el tren y ya sentía que mi lagrimal empezaba a llenarse poco a poco de nostalgia y de rabia, de ganas de gritar, de revelarme a mi decisión, de dar marcha atrás, pero el tren empezó a tomar velocidad al igual que mis lágrimas descendían entre velando las últimas barriadas de mi Madrid querido.

Elegí París, principalmente porque dominaba el idioma y creía que de alguna manera podría encontrar pequeños trabajos dando clases de español. Durante cinco años había sido profesora de francés en una afamado colegio de Madrid, pero allí ya no había trabajo.

 Las  primeras horas  del viaje las pase organizando mentalmente, por enésima vez, los primeros pasos que iba a dar una vez instalada en mi nueva ciudad. La lista de propósitos se entremezclaban en mis pensamientos con las escenas vividas la noche anterior en la fiesta de despedida que organicé para familia y amigos. La nostalgia volvía a hacer de las suyas, estaba agotada de tanta emoción y me dormí.

Entre lecturas, algo de comida y duerme velas, fui superando las horas que me iban separando de los míos. Cuando el tren entraba en la estación de Gare de Lyon me desperté, salí al pasillo en busca del habitáculo del baño, me refresqué para espabilarme y cuando volví a mi sitio alguien había dejado un sobre encima de mi asiento.

Intrigada abrí el sobre, contenía un fajo de billetes de 50 euros, mire a mi alrededor buscando la cómplice mirada  de algún pasajero, pero en mi vagón, que en aquella parada se había quedado con menos de la mitad de los pasajeros, nadie parecía prestarme atención. El tren volvió a ponerse en marcha y volviendo a clavar mi miope mirada dentro de aquel intrigante sobre, noté que el primer billete llevaba pegado un post-it  en el que leí: “Si quieres otros 1.000€ apéate en la siguiente estación”

Los minutos entre Gare de Lyon y  Gare d´Austerlizt no son más de cinco.

Minutos en los que vi pasar a toda velocidad el riesgo que conllevaba bajarme en esa estación, sin duda alguna me iba a esconder en el baño, aferrada a mi pequeña maleta y a mi bolso con el sobre del dinero dentro. No saldría de allí hasta llegar, hasta llegar a… pero había llegado, ese era el fin del recorrido de mi tren, sí o sí, tenía que aceptar la invitación de mi benefactor, el tren había llegado a su última parada.

El movimiento de los pocos viajeros que quedaban en mi vagón me sobresaltó, empecé a notar un nudo angustioso en la garganta que me impedía tragar saliva, no podía levantarme de mi asiento, me fijaba en cada pasajero, pero ellos no se fijaban en mi. Me levanté y descendí la escalerilla del tren, paralizada en medio del andén sin saber que hacer, fue cuando noté que alguien me cogía del brazo llamándome por mi nombre, era un hombre corpulento,  forcejeé lanzándole un buen rodillazo en donde más duele, gritó y me soltó al instante, salí corriendo al vestíbulo. Corrí y corrí hacía la salida, donde por suerte me subí al único taxi que quedaba en la parada.  Con miedo y casi sin respiración Indiqué la dirección al taxista, ¡rapide, rapide!

 ¿Quién era aquel hombre?. París era engullida por un tráfico frenético, a través de la ventanilla mire hacia atrás , a un lado y a otro, tenía la impresión de que aquel hombre corpulento me seguía. Para cuando llegué a mi destino la perplejidad me tenía aturdida, solo quería encontrar un refugio.

En la puerta de una gran casa me esperaba, Madame Ivonne,  la  dueña  de la casa que acogía  en sus habitaciones a inmigrantes en busca de un trabajo. Me recibió amablemente y me indicó mi habitación, hablaba y hablaba, pero no podía atenderla estaba exhausta del susto y a ella no parecía importarle.  Intenté explicarla lo que me había pasado, pero la madame me cortó la explicación invitándome a pasar a la cocina y tomar un café caliente antes de contarla mi percance. Bebí ávida la reconfortante bebida,  la vista se me nubló como el cielo plomizo de París y muy lejos escuché “bientôt vous comprendrez”.

 Me desperté en la cama de mi habitación, llevaba muchas horas durmiendo, ya era de día. Asustada, cogí mi pequeña maleta y abrí sigilosamente la puerta de mi habitación, me acerqué a la entrada de la casa para salir, pero volví a sentir aquella mano aprisionando mi brazo, intenté volver a golpearle, pero esta vez no acerté, mientras gritaba e intentaba zafarme de sus garras, él  me arrastró con fuerza hacía la cocina donde Madame Ivonne y otra joven desayunaban.

—Cálmate y siéntate pequeña,no te asustes.Te presento a Franc (el holandés) y a Sara (la uruguaya). Franc intentó explicarte mi negocio ayer, antes de que llegarás, pero te asustaste y tuvimos que esperar a hoy. Ellos también vinieron en busca de trabajo, y yo se lo conseguí. Habéis emigrado demasiados y ya no quedan trabajos decentes. Tu perfil, al igual que el de ellos, no levanta sospecha alguna.  Estos “buenos chicos” llevan dos años pasando pequeños alijos de cocaína, vía Francia, a Holanda y a Inglaterra y hace mucho que ya no se alojan en una habitación con desayuno. Han ganado tanto dinero que ya disponen de sus propios apartamentos. He ampliado nuestros servicios a España, y tenía que cubrir el puesto con una española en nuestra plantilla, y ya has llegado…Madame Ivonne habló y habló, de pros y de contras, de seguridad y de riesgos, de beneficios y de amenazas, lo último que me dijo fue: “Si no quieres trabajar con nosotros dilo ahora, deja el sobre, lárgate ya, y cuidadíto con irte de la lengua, te encontraríamos y lo pagarías caro”

Y así fue, señora abogada, como me introduje en el tráfico de drogas. Creí que unos cuantos viajes de aquellos me devolvería mas pronto que tarde con los míos, pero ahora, ellos tendrán que desplazarse a esta cárcel de París para verme.

 

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16 respuestas a Chambre avec petit déjeuner (Mar)

  1. Jesus dijo:

    La historia no me ha seducido, pero la estructura y la redacción son muy buenas. Puntualizar que hay algún laísmo en el texto

  2. Mar dijo:

    Gracias por tus comentarios, Jesús.

  3. manolivf dijo:

    Está muy bien, Mar. Bien narrado y estructurado (repasar los signos de puntuación, algún acento y ese “revelarme” que es con b), pero salvando estos detalles, la historia me ha intrigado. Un abrazo.

  4. Mar dijo:

    Gracias por tus comentarios, Manoli. ¡Qué bien que te guste! y tomo nota de esas faltas que comentáis. Un abrazo y mil gracias por vuestra lectura.

  5. Hola Mar,
    Esta bien la historia, pero TÚ la puedes contar mucho mejor. La estructura de algunas frases se puede mejorar. También hay palabras repetidas que están muy cerca. Si le das un repaso quedaría perfecta. Un saludo.

  6. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, me ha gustado tu relato aunque creo que si lo repasaras un par de veces mejoraria mucho. Un saludo y felices fiestas. Amaya Puente de Muñozguren

  7. Mar dijo:

    Muchas gracias, Amaya, seguiré tus consejos. Felices fiestas también para ti.

  8. Manger dijo:

    Entretenido, bien llevado el hilo y con giro final inesperado. Mis felicitaciones, Mar, y un cordial saludo.

  9. Rafa dijo:

    Parfaitement bien.

  10. verosi28 dijo:

    Maravilloso, me envolvió!

  11. cargudo dijo:

    Concuerdo con lo de la estructura y los tiempos, a mi se me complican mucho, el final no me enganchó, aveces hay crimen sin castigo, no sé. Si lo hubiese leído antes seguro te daba unos puntos más y creo que con eso ganabas. En un taller nos decían que debíamos evitar decir ‘me gusta’ o ‘no me gusta’, así que no escribiré nada de eso, pero en todo caso felicidades y espero que te sirvan todos los comentarios.
    Si puedes visitar mi blog y darme tus comentarios te lo agradecería. Saludos.

    • Mar dijo:

      Por supuesto que me sirven todos vuestros comentarios, más que cualquier taller o curso a los que, por ahora, nunca he asistido, ni creo que lo haga. Gracias por tu intención de puntos, me sorprendió ese tercer puesto, en este espacio que nos brinda Jorge cada mes, existen escritores buenísimos, y yo lo hago por placer personal y sin intención alguna. Ten por seguro que seguiré visitando tu blog, solo he leído “café” y….¿cómo decirte, sin saltarme las reglas de los talleres, que me ha gustado mucho? sí, así de simple, me salto las reglas. Creo que aún no he leído nada tuyo por aquí, espero hacerlo, porque será un placer. Muchas gracias y saludos.

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