El fuego de Paula (El príncipe de las mareas)

    La anciana atizaba las ascuas de una candela infinita, una hoguera recatada que reflejaba el perfil aguileño de una cara marchita. Las cenizas, alborotadas se revuelven incómodas, soliviantadas por la tenaza que hurga en sus entrañas sin recato alguno. La lengua rojiza se burla de ella y llamea con insolencia, ella apacigua el conato irreverente soltando un tronco menudo que casi la ahoga. Crepita la leña seca al instante, se arrebolan las mejillas surcadas de serpenteantes caminos, líneas sinuosas que perfilan una piel de pergamino ajado. No supone un gran esfuerzo rehacer la posición, pero recuperar la verticalidad se da ya por perdida desde que el calendario dejó de mudar, que no es muy elegante recitarle la edad a una señora.

     Juan atisba bajo unas lentes gastadas la única página del diario que lee, sus labios resecos recitan una plegaria muda, un seguir las líneas impresas en el intento de descifrar las noticias que hayan acontecido en las últimas siete décadas. Ella le mira discreta, él murmura lo escrito, ella se recompone las faldas, tres, si contamos las enaguas con las que se viste cada mañana. Juan es su marido, ella es Paula.

     – ¡Mira lo que dice el periódico!, que Franco inaugura un pantano en la provincia de Cáceres. ¿Sabes dónde está Cáceres? Pregunta con un punto de orgullo en la voz aflautada. Paula se recoge en la toquilla con la que cubre sus huesos y vuelve a remover las cenizas que brillan con destellos de plata.

     – Está por Extremadura. Tras una pausa apenas plausible, Juan inicia su disertación con la locuacidad con la que un niño cuenta la pérdida de su primer diente: Durante la guerra mi regimiento estuvo acantonado en Hervás, allí pasamos el invierno aquel en el que los nuestros tomaban Málaga. Sonríe con boca desdentada y ojos acuosos, tanto que se diría que se inundaran de la emoción de un recuerdo que no conoció, pero que evoca como si ayer mismo hubiera acontecido en la memoria abandonada, lejana en el tiempo, cercana al fuego que consume la leña despacio, como si mordiera con dientes calientes y humos de grandeza. Paula no presta atención a las palabras proferidas  por el marido, su mente a la deriva ha decidido encallar en la cocina, donde dirige sus pasos gastados en pos de una labor cotidiana, una costumbre arraigada desde que el párroco ya fallecido la conminó a servir a Juan en todo aquello que él la solicitara.

     – ¿Adónde vas mujer?, cuida que no se nos apague el fuego, que esta tarde el viento arrecia del norte.

     –  La comida no se prepara sola, rebate Paula. Juan vuelve a posar los ojos en el papel desteñido que sujeta con ambas manos, como si el peso fuera de tal envergadura que precisara de toda la fuerza de la que pudiera hacer acopio para mantener firme el pulso. El viento se deja oír tras la sierra con silbidos bravucones, como avisando que ya se acerca para infundir el temor en los huesos lustrados, a colarse por la chimenea como un asaltante que pretendiera aliarse con las cenizas para robarles el calor del alma. Atempera la leña la acometida de aquel y planta cara al visitante insolente. Paula trajina en la cocina con una olla ennegrecida que ahoga un puñado de garbanzos, náufragos en una cuarta de agua, se aferran al trozo de tocino fresco que flota en el piélago que bulle despacio, sin prisas en calentar las tripas del que lee noticias pretéritas. Ya llegan las primeras ráfagas amenazando la aldea, se refugian en sus casas de piedra los atrapados en un mundo sin conflictos. Ya toca los tejados de pizarra y teja, ya horada los oídos castos para canciones de lujuria, corta y rasga las vestiduras de las casas guarecidas bajo la cal que las protege de acometidas impúdicas ¡Cierra la puerta Paula que el viento viene en celo, ávido por engendrar no vida, sino muerte!

 

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4 respuestas a El fuego de Paula (El príncipe de las mareas)

  1. Nelaache dijo:

    Un hermoso relato con una muy lograda atmósfera. Casi se percibe con el oído el ulular de ese viento amenazante. Muy original la descripción del guiso que bulle al fuego. Felicidades.

  2. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, me ha encantado tu relato. Un saludo literario y felices fiestas. Amaya

  3. Felicidades. Tu forma de contar el relato me ha llevado dentro del mismo. Como si yo misma fuese testigo. Ha sido genial. Gracias por compartirlo.
    un saludo.

  4. Jesus dijo:

    Gracias, da gusto que opinéis así

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