Días nefastos (Carlota de las Mercedes Gauna)

“Los días nefastos del silencio consentido pueden transformarse en polvo cuando las almas derriban las murallas de la insensibilidad para enarbolar en las almenas de sus fortalezas las banderas de la libertad. Los incendios que se producen en ellos dejan cenizas que el viento suele acarrear hacia los confines de la Tierra, ocultando con ellas, a las almas de los seres libres, la obstinación de su maldad”

 

Desde lo alto de su departamento Angélica tenía una excelente vista de la ciudad… Manchones grises delineados entre las torres de cemento, escalando sin prisa hacia el cielo, intentando hacerlo desaparecer ante el auge de una construcción vertical no planificada que imprimía una constante rayana en la desprolijidad y la improvisación, a un centro urbanístico que siempre se había caracterizado por su chatura  y conformismo pueblerinos.

Cuando accedió a comprar el inmueble, su madre aún vivía, por lo cual pudieron disfrutar juntas de largas tardes de mates y tortas fritas que la anciana elaboraba con gusto para aguardarla  o tal vez  alguna confitura o bizcochos preparados con intenso fervor, cada tarde, a la misma hora, a la salida de la escuela, tras fatigadoras  jornadas de trabajo, con la mesa pequeña junto al balcón, primorosamente dispuesta , con su mantel bordado y las flores sumergidas en un pequeño jarrón en el centro.

Apurar el paso desde la escuela hasta su casa se había constituido, para la mujer, en una especie de anticipo de aquel maravilloso ritual de amor!

 

Aún le parecía verla sentada en su sillón de mimbre, blancos cabellos recogidos sobre la nuca oliendo a colonia fresca , y el cesto con la lana ovillada y la aguja hilvanada siempre presta a continuar con sus primorosas creaciones al crochet. La anciana solía desplegar anécdotas interesantes deshojadas bajo la luz crepuscular que delineaba su fino perfil mientras sus pies marcaban un ritmo acompasado, como imprimiendo música a sus dulces palabras al compás de la danza denotada dentro de las pantuflas de franela gris. Su risita cadenciosa le fortificaba el alma mientras con voz aguda le comentaba algún imprevisible acontecimiento presenciado en un programa televisivo…Aún sentía el frío de su ausencia mientras cruzaba sus brazos  sobre el pecho, en un abrazo eterno que retenía los mismos recuerdos y le permitía sentir el calorcito de ese cuerpo amado que solía antojársele cada día  más frágil y pequeño. Se sentía sola. Y triste .Y le urgía gritar que era injusto tener que vivir en esa especie de desierto en el que se había transformado su existencia.

 

Tras el enorme ventanal moría la tarde de abril. Las nubes rosadas se apelotonaban sobre la serpentina del río y las luces de neón iban prendiendo regueros destellantes en la comedia repetida de los atardeceres urbanos. Los autos desplegaban una suerte de hormigueante resplandor sobre los muchos puentes que atravesaban tan poca agua y la luna se resistía a aparecer entre el espeso follaje del parque. Tal vez llovería, por fin. Y la noche traería la frescura del viento para apaciguar el calor que los habitantes debieron soportar entre quejas, rápidas duchas y bebidas heladas.

Angélica se estremeció. Los pasos volvían a escucharse subiendo presurosos las escaleras. El dueño de esos pasos encendió la luz del hall que separaba las cuatro puertas que lo circundaban. Angélica supo que, como todos los días,la puerta de entrada del 5 “B”se abriría ante los tres timbrazos que, como un código pautado, permitiría el acceso del individuo al interior  con la acostumbrada rapidez de la violencia.

María Angélica se acercó a la puerta principal de su departamento y descorrió la mirilla con lenta maniobra, aplastó su ojo derecho contra la misma y pudo divisar con claridad al hombrecillo delgado, bajo y de bigotes que sostenía un maletín negro con gestualidad impaciente y nerviosismo evidente en todo su cuerpo. No era la primera vez que aquello sucedía. El hombrecito del maletín llegaba siempre los jueves, a la misma hora, repitiendo el ritual de aparición lo mismo que los otros que acudían  los restantes días de la semana, menos los domingos.

Sólo lo domingos no se escuchaban los pequeños gritos sofocados que comenzando agudos, se iban tornando imprecisos hasta silenciarse. Y todo ello dentro de los segundos en que la puerta tardaba en abrirse, la luz emergía revelando sombras agitadas en el trasfondo del pasillo y luego sobrevenía el silencio al  ser cerrada tras el visitante de turno, dejando una estela de destellos que por segundos  había quebrado la oscuridad del recinto antes de engullirse los secretos de un solo bocado.

Angélica Ruffino no pudo evitar las lágrimas. Su madre, conocedora sabia del dolor, ya  le había anticipado que algo turbio estaba maquinándose en el departamento “B”.

Y se lo repitió tarde tras tarde sin que ella, cautiva de un atávico temor, se dispusiera  a indagar entre sus vecinos aunque sospechara que los otros también intuían algo muy  escabroso y espeluznante en ese recinto.

De pronto se sentía devastada, sin poder concentrarse en el mantra con el cual muchos intentan exorcizar los demonios de la duda para disfrazar una realidad imposible de continuar oculta bajo los pretextos a los que se suele ser tan adicto.

Volvía a repetirse la escena de la fatídica tarde en que, teniendo que acudir a una reunión de personal, desechó el llamado de su madre considerando que el temor de la anciana sería otra vez infundado. Al regresar a su domicilio la encontró tendida en el amplio sofá del living, envuelta con la frazada de lana de su cama matrimonial, lívida, con los ojos abiertos a una súbita muerte aún latente en las pupilas que parecían mirarla más allá de la vidriosa tirantez que las abatía, al tiempo que en el rictus de la boca ella podía deletrear su nombre llamándola, como tantas  otras veces,i nsertado en cada arruga de ese rostro y

en el ahuecado gesto que dibujaba una desconcertante sorpresa. En esos  prolongados momentos, frente al espanto y al desaliento, Angélica supo que su madre se había decidido a enfrentar la anomalía cotidiana y descifrar la incógnita que las mantuvo en vilo desde que llegaran al edificio. Y lo que descubrió la aniquiló de tal manera que no le permitió aguardar el regreso de su hija para ponerla al tanto de lo que estaba ocurriendo en sus propias narices.

El médico forense no encontró nada extraño en aquella muerte, atribuyéndola a un ataque producido por el desgaste natural de la edad avanzada de la occisa, lo cual terminó por tranquilizar al resto de la familia. Pero no a Angélica.

-Ella murió de miedo, doctor. Yo recibí su llamada y noté el temblor de su voz cuando me suplicó que acudiese lo más rápido posible a su lado…-

-Mire, Angélica…He tratado a su madre por muchos años y puedo decirle que pasados los ochenta y ocho años las personas se aterrorizan en situaciones de soledad y ante el dolor..-vaciló- Bueno, usted me entiende…-

-Doctor Márquez…no dudo de su capacidad pero mamá nunca sufrió del corazón ni se quejó por estar sola…Ella disfrutaba todo con verdadera alegría…Y aparte de la dificultad para caminar atendía perfectamente sus necesidades. Por eso quisiera…

El médico la detuvo con un gesto cariñoso -Para qué una autopsia? Algo invasivo e irrespetuosamente innecesario en esta ocasión. Déjela  en paz…Ella ya no sufre más…Ahora usted es quien debe encontrar la paz…- Angélica se resistía a aceptar esa muerte.

-Mamá era fuerte, independiente, dinámica,l lena de vitalidad-

-Quizás haya sido víctima de una indigestión. No se cuidaba mucho en sus comidas-

-No, doctor. Ella era muy metódica y cuidadosa en su alimentación. Jamás sufrió por cólicos o atracones-

Un abrazo fuerte la volvió contra el pecho de su hijo -Basta, mamá! ¡Déjalo así! La abuela ha partido sin sufrir casi.Tranquilízate, por favor.Los chicos están mirando asustados- Angélica observó a sus nietos con ternura y decidió concluir el asunto. Después de todo, el hecho de que no se le practicase una autopsia a su madre era un alivio para ellos. Y por su familia guardó silencio, proponiéndose encontrar las respuestas que anhelaba.

Desde entonces y por largos meses, Angélica recurrió a las pastillas para poder dormir,Y muchas veces requirió la presencia de alguno de sus hijos o nietos mayores para acompañarla por las noches .

Ella, a pesar de sus temores, lo que realmente buscaba era la confirmación de sus sospechas frente a la desconcertante actitud de los habitantes del departamento del frente. Sus esfuerzos por encontrar aliados resultaron infructuosos y mas de uno de los inquilinos le aconsejaron desistir y mantenerse al margen de los acontecimientos. Todos estaban involucrados en un pacto de silencio mientras los sucesos persistían con mayor intensidad.

Ninguno de sus hijos o nietos no vio ni escuchó nada fuera se lo común y la mimaban y le sonreían, mostrando comprensión frente a su creciente inquietud. Su hijo menor, Felipe, se esforzó por hacerle entender lo injustificado de sus temores. -Tía Berta murió como la abuela, ¿verdad,mamá?.Estás confundida y el miedo te paraliza. Es hora de dejar todo esto de lado y comenzar a aprender a vivir sin la abuela. ¡Eres joven aún y te debes la felicidad!-

El alivio llegó de a poco y unas vacaciones con amigas en Brasil mitigaron sus dolorosas heridas, creyendo que era posible alejar los fantasmas que solían atormentarla. Buscó la ayuda de un profesional y de a poco su angustia se canalizó en mayor esfuerzo en el trabajo y acercamiento continuo, casi diario, con sus seres amados.

 

Creyó haber conseguido la tan ansiada tranquilidad  cuando una noche al volver de una función teatral, subiendo presurosa las escaleras por no encontrar desocupado los ascensores , al llegar al quinto piso, presintió que algo no estaba bien. Algo se movía entre las sombras y detuvo su intención de encender la luz. Ese algo se detuvo ante la puerta del 5 “B”y golpeó apenas con los nudillos. Como la puerta se hallaba entreabierta , un haz de luz caía justo sobre el piso del palier. Angélica se escondió detrás de una de las columnas que conformaban la decoración del sitio y un enorme cantero cubierto de geranios la  mantuvo fuera del foco de atención de aquellos que habían salido por  la puerta. Frente a Angélica se encontraba el gran espejo por el cual pudo ver a la mujer que forcejeaba con un hombre alto y robusto al tiempo que un quejido ronco   brotaba desde el interior y se mezclaba con los gritos y sollozos de la mujer arrastrada por el linóleo. El hombre la había tomado por la larga cabellera y la  sacudía como a un saco de papas mientras los insultos más ofensivos caían sobre ese cuerpo magullado por la paliza que esa bestia le estaba propinando. ¿Cómo nadie se asomaba a averiguar lo que estaba sucediendo? ¿Cómo era posible tanta indiferencia frente al sufrimiento de un ser humano? Ella podía divisar rendijas iluminadas en los otros departamentos  mas nadie acudía en auxilio de la mujer que, golpeada con fuerza demencial, trataba de protegerse el rostro cubierto de sangre .Otra luz se prendió y pudo divisar la masa sanguinolenta en que se había convertido el cabello rubio pegoteado sobre la frente y las patadas que caían sobre el abultado vientre desnudo.¡ Entonces ya no soportó más! Accionó el número de la policía que su hijo le había impreso en el celular y envió el mensaje donde exponía el caso y la dirección del inmueble. Una luz verde le comunicó la recepción de su nota y  guardando el aparato en el bolsillo de su saco, tomó con ambas manos la maceta de pesado material.

La mujer, doblada en dos sobre el piso ,vomitaba sangre y su victimario, mostrando una falta total del recato utilizado hasta entonces como su principal herramienta de mentiras y disimulo,vociferaba con tal furia que parecía una mole dispuesta a matar sin retaceos.

Desde adentro provenían gritos y ruidos de muebles  derrumbados mientras la palabra que sobresalía entre todas era”piedad”, Angélica, aterrada hasta el límite, acrecentó sus fuerzas hasta instancias insospechados en una mujer delgada como ella. Y aferrando la vasija por las asas la dejó caer sobre la cabeza del hombre inclinado sobre la torturada joven que ya sin fuerzas, lo contemplaba con los ojos abiertos cual platos de vidrio negro.

(Lo demás transcurrió como en una novela policial donde los buenos casi siempre llegan demasiado tarde. Dentro de la casa encontraron a las dos pequeñas hijas de la mujer que eran empleadas por los proxenetas -el marido, la mujer y el hijo de ambos- para satisfacer la líbido bestial de los pedófilos que concurrían al lugar. La joven madre, cautiva durante diez años por la banda, fue devuelta a su familia, en Misiones junto con las dos niñas que nacieron de las reiteradas violaciones y vejámenes, de los que fue objeto en el departamento que nadie se atrevió a denunciar como burdel y antro de tanta crueldad. Además, allí se confiscaron considerables cantidades de droga y armamentos empleado en asaltos reiterados a bancos de la zona. Se descubrieron enlaces con otras células que operaban en San Luis, Córdoba y Corrientes, incluido el tráfico de niños y la trata de blancas traídas a las grandes ciudades desde el norte del país y puestas a trabajar en antros cercanos a las grandes urbes.

Las noticias inundaron los titulares y los noticieros del país. Todos se referían a la audacia de una desconocida que con un coraje pocas veces exhibido, ayudó a liberar a las víctimas y condenar a los culpables a un castigo ejemplar como pocas veces se dio en la justicia argentina)

Angélica vendió su propiedad y buscó la belleza de la naturaleza yendo a vivir a un bonito lugar del valle de Calamuchita.  Lejos de sus fantasmas, despojada de las cenizas de la indiferencia con que se suelen cubrir la cabeza los hipócritas, hoy vive feliz junto al hombre que fue su amor de juventud, rodeada del cariño y admiración de su familia, en completa paz consigo misma y con el absoluto convencimiento de que su madre perdonó su cobardía tras demostrarle  que había muerto con el convencimiento de que su hija realizaría la tarea que ella dejara inconclusa

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7 respuestas a Días nefastos (Carlota de las Mercedes Gauna)

  1. Jesus dijo:

    Lástima que la cadencia y el uso de tantos recursos que inician un relato apetecible, se torne burdo en la continuación y desenlace.

    • Es la vida, Jesús, así de burda y miserable para aquellos que vivieron esta experiencia enormemente cruel. Debo decirte que tronché episodios en esta historia porque hubo hechos realmente aborrecibles que pueden no ser aceptados como reales por la gente “común” que lleva una vida regular. Desgraciadamente no todos los casos son así. Existen aquellos en que la letra es poca, aunque los recursos sean vastos, para exponer la crueldad ante los ojos del mundo sin que suene tosca y chabacana como te pareció a ti. Ojalá comience la literatura a ocuparse de estos temas tan candentes y actuales para alertar las mentes y la atención de los que intentan simular “que cosas así sólo les sucede a los demás”. Un gran abrazo, Jesús!

  2. Carto Péreton dijo:

    Un relato impactante. Creo que era necesario ese cambio de “riqueza” a partir del nudo del texto debido al impactante desenlace, donde se necesitaba enviar un mensaje de cruda realidad, que de otro modo a lo mejor se hubiera disfrazado, además, se ha dado velocidad a la lectura cuando más hacía falta. A mi parecer bien estructurado, respetando otras opiniones, por supuesto. Un saludo.

    • Ojalá haya muchos seres humanos que adviertan esta necesidad imperiosa de cambios urgentes. La vida no siempre, y por desgracia, es un camino de rosas, liso y llano, con personas que viven vidas normales dentro de un marco corriente y positivo. Existen estos otros aspectos que no siempre es fácil tratar de publicar y suelen resultar enormemente chocantes. ¡Gracias por tu comprensión Carto Pérez, pues eso me motiva a considerar que existen otros puntos de vista que, aceptados o no, movilizan el alma humana!

  3. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, me ha conmovido tu relato. Un saludo literario y felices fiestas. Amaya

  4. Nelaache dijo:

    Un relato impactante y cargado de actualidad. Coincido en que al final quizá no era necesario desvelar tanto, pues ya al inicio del relato se presienten por el lector los episodios de malos tratos y crueldad que se cuece en el interior de ese apartamento. Terrible la indiferencia de los demás, de los que se sientan a ver lo que pasa y no hacen nada por evitar el mal. Enhorabuena. Francamente bueno y narrado con técnica exquisita.

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