El nombre de otro niño (Carto Péreton)

    Por fin, Javier iba a conocer a una persona muy especial, a los cinco años de edad le llegó la curiosidad, fue en un momento de reflexión mientras observaba la urna con las cenizas de su padre. Estaba acostumbrado a ver el misterioso recipiente dentro del armario de su madre, entre los bonitos vestidos que ya no pudo ponerse más.

Mamá, ¿quién es mi abuelo?

-¿Tu abuelo? – contestó ella con inquietud.

-Sí, mi abuelo, no lo conozco, nunca viene a buscarme al cole, ¿está en el cielo también?

-No, no está en el cielo…

-¿Y dónde está?

-Pues en su casa, pero…– dijo Inés apartándose nerviosa el pelo de la cara.

¿Tú tampoco lo conoces?

-Sí… claro que lo conozco, pero es un abuelo diferente.

-¿No le gustan los niños?

-Sí, sí que le gustan… pero estaba siempre viajando y yo lo veía poco.

   El chico vio como la cara de su madre por un momento se puso seria, quizás demasiado.

-¿Estás enfadada con él?

-Un poco, pero no pasa nada cariño, si quieres conocerle, iremos a verlo.

-¡Siiiiiiiii!

 

    Esa noche su hijo se durmió mientras ella le acariciaba el pelo, sabía que ese día iba a  llegar tarde o temprano.

   Inés, en cambio, no pegó ojo, intentó recordar algo agradable de su infancia para explicarle al pequeño, pero lo único que le venía a la mente eran los regalos con bonitos lazos que le enviaba su padre de vez en cuando y que a partir de un día empezó a tirar a la basura, la razón fue, que sin darse cuenta, abrió una caja que llevaba el nombre de otro niño. ¿Cómo un padre se podía equivocar así?, no tenía más hermanos, o sí.

   Una semana después, ahí estaba Javier, observando la gran puerta del salón de lectura, dentro estaba la persona que había imaginado en sueños y que en pocos segundos se haría realidad.

   Empujó con sus pequeñas manos la áspera madera del portón y entró con cuidado. En medio de la estancia y sentado en una vieja butaca, un anciano leía con calma un libro. La lámpara que enfocaba las hojas del manuscrito mantenía en penumbras todo lo demás, por lo que el joven tuvo que avanzar, quería ver más detalles de ese señor misterioso.

   Lo primero que alcanzó a vislumbrar fue una pipa humeante reposando en una barba espesa; la boquilla, desgastada, estaba atrapada por unos arrugados pero enérgicos labios. Javier buscaba la mirada de su abuelo, pero aun no era posible encontrarla por lo que dio dos pasos más.

   Las gafas metálicas de finos cristales estaban ancladas a unas grandes orejas con grandes lóbulos también, al otro lado, los anteojos descansaban al final de su rocosa nariz. Los pelos de las cejas traspasaban la longitud habitual y llegaban a rozar las pestañas cuando alguna frase recién leída le hacía fruncir el ceño. En ese momento, el chico se echó hacia atrás como si quisiera salir de allí, pero la curiosidad le mantuvo firme en su intención de llegar al final de su misión.

   Finalmente ocurrió, el abuelo, alertado por un chasquido del suelo de madera, se giró para ver quien perturbaba su descanso. Javier vio la cara más simpática que pudo imaginar. Pómulos sonrosados y ojos bien abiertos le resultaron agradables, así como una iluminada sonrisa que mostró al ver al pequeño cerca de él. Luego, se levantó de la butaca y cogió del respaldo un batín granate que abrochó por encima de su enorme estómago. Además de eso, se colocó bien el gorro de dormir.

-Hola – le dijo por fin con una voz cálida.

   El pequeño Javier no pudo cerrar la boca asombrado por aquella presencia. Un instante después corrió hacia la salida sin mirar atrás y abrazo a su madre que lo esperaba con inquietud en la entrada de la casa.

-Hijo, ¿estás bien? ¿qué ha pasado?

-Mamá… – dijo el pequeño con lágrimas de emoción – no te enfades más con él, ya sé porque viajaba mucho… es Papa Noel.

  Inés se puso a reír, no recordaba cuando fue la última vez que lo hizo, por lo que enseguida le dolió la mandíbula. 

   Sin decir adiós abandonaron la gran mansión, caminando por la fría nieve invernal. Inés miró hacia el cielo pensativa, justo momento en que una estrella fugaz cruzó de un lado a otro. Casi sin querer le vino a la memoria la noche anterior.

“El regalo llevaba el nombre de otro niño” –se detuvo y miró de nuevo hacia la casa de su padre. Observó como la sombra de una persona se apartaba de una de las ventanas. Se estremeció solo con pensar que todo pudiera ser verdad – “¿Papa Noel?, que tontería”.

    Al llegar a casa encendió la tele y le hizo un bocadillo rápido a su hijo, necesitaba que la dejara sola unos minutos, tenía que comprobar una cosa. Subió al desván donde tras unos polvorientos cuadros estaba el viejo baúl. Lo abrió con cuidado y después de apartar varias cajas repletas de fotos en blanco y negro apareció el regalo que cambió su infancia. Era una caja de color rojo pálido. Leyó de nuevo el nombre escrito en la tarjeta que colgaba del lazo. “Julián”. Un escalofrío recorrió su cuerpo, era el nombre de su marido. Deshizo el lazo con mucho esfuerzo ya que sus uñas comidas no le ayudaron demasiado. Por fin abrió la tapa y sacó de su interior un objeto.

    Como recordaba, era un Papa Noel, sonriente y con su gran barriga. Disponía de todos los detalles, bolsa con regalos, cinturón con hebilla, hasta gafas y guantes.

-Es una lástima –se dijo a si misma – con lo bonito que es…

   Bajó de nuevo al salón y se lo dio a su hijo que lo recibió con los ojos muy abiertos.

-Cuídalo, que es muy antiguo.

-Gracias mamá –le respondió con un abrazo.

   Inés, aun pensativa por la coincidencia del nombre, fue a su habitación y abrió el ropero con temor, allí, en un rincón, continuaba la urna, sus recuerdos y sus vestidos. En especial estaba el que más apreciaba de todos. Lo llevó puesto una noche para una cena en un restaurante muy bonito, no lo olvidará jamás, allí le dijo a su marido que estaba embarazada de Javier. Miró hacia atrás como si no quisiera que nadie la viera, se desnudó y se lo puso. Le iba grande, cuatro años duros le habían pasado factura. Además le rascaba algo la espalda. Se lo quitó de nuevo y encontró el porqué de esa molestia. Un sobre cerrado colgaba de un imperdible. Nerviosa y con la respiración alterada lo abrió.

   “Amor, ya sabes que lo mío no son las despedidas, hemos luchado hasta el final pero no ha podido ser, estas son mis últimas letras y son para ti, en mi lecho de muerte te juraré amor eterno pero quiero que también tú me prometas algo, con este vestido empezó una nueva vida para nosotros. Ahora debes continuar, pero no lo hagas sola, tienes heridas que debes cerrar. No te gusta pedir ayuda, pero sé que te va a hacer falta.

   Hazlo también por él.  

   Mil besos, te amo.  

   Julián.”

   Inés lloró arrodillada y en silencio negó la verdad. Allí permaneció un buen rato, encogida en el frio suelo y abrazada a las cenizas de su amor, hasta que Javier, extrañado por su ausencia, la vino a buscar y juntos se fueron a dormir.

   Una semana después, madre e hijo llamaban de nuevo a la puerta de la mansión, Javier llevaba en las manos un regalo atado con un bonito lazo.

-Mamá, gracias a papá estamos hoy aquí.

-Sí hijo mío, tienes razón.

-Lo malo, es que ya no me habla cuando abro el armario.

 

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6 respuestas a El nombre de otro niño (Carto Péreton)

  1. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, me ha encantado tu relato lleno de dolor y mágia (personalmente yo le quitaría un par de adjetivos que no hacen ninguna falta para embellecer el relato). Un saludo literario y felices fiestas. Amaya

  2. Yo creo en la magia de los encuentros, en los mensajes que llegan aparentemente tarse, en todo aquello que otorga una explicación a lo que se nos antojaba sólo una ilusión de los sentidos , sin detalles verificadores. Pero entonces surge lo imprevisto y las respuestas se manifiestan. ¡Gracias por entregarnos este relato que tiene mucho que ver con ciertas experiencias personales de mi propia vida ! ¡Felices fiestas!

  3. manolivf dijo:

    Tu relato lleno de suspenses y de intriga es como un puente que entrelaza un pasado (en el que hay algunos interrogantes) con un presente en el que aún es posible hallar respuestas. Me he quedado con ganas de más datos, para reconstruir la historia, pero el puzzle está ahí para que lo intentemos. Un saludo.

  4. Carto Péreton dijo:

    Gracias por vuestros comentarios compañeras, aprendo un poco cada día leyendo vuestros relatos. Un saludo.

  5. Sin palabras. Tu relato me ha encantado. Felicidades.
    un saludo.

  6. orgav dijo:

    Muy bueno, me encantó ese toque mágico e infantil junto con el amor y el dolor adulto. Felicidades y suerte Carto.

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