La benemérita en acción (El Príncipe de las mareas)

  Hacía calor pese a estar en verano, la puerta entrecerrada parecía decir: “molestias las imprescindibles”. No había botijo, el último se rompió hacía ya dos veranos por causa de la manía del panadero, y es que siempre obsequiaba a los presentes con un trago de agua fresca. La mala fortuna y el poco arte para aferrar el barro humedecido hicieron añicos al cantarillo de piporro.

   – Buenas tardes, venía a poner un juicio.

   – ¿Con Jurado Popular?

   – Del PSOE, ¿Tiene algo que ver la política con esto?

   – Le digo que los juicios pueden ser populares o con juez, abogados y todos sus avíos ¡Vamos como unas buenas lentejas!

    –  No se lo que me habla señor agente, solo quiero poner un juicio por violación.

    – Usted lo que quiere es poner una denuncia. Bien, cuénteme como sucedieron los hechos. La vecina con rodete atado a la nuca con una goma, entreabre la boca y la cierra, se sonroja un tanto y mira al guardia como sin saber si la pregunta va en serio o le está tomando el rodete.

    – Mire usted, ha sido como son esas cosas, ya sabe… le subió la falda y…

    – No me refiero a eso señora, quiero decir si hubo forzamiento.

    – Mi muchacha no anda muy bien, es cosa de nacimiento. Con voz más apagada y acercando su boca velluda, a la también oreja del guardia: – Es retrasada.

     Con un asentimiento de tricornio, le pone de manifiesto que comprende la situación.

     – ¿Qué edad tiene la niña?

     – Treinta y uno hizo en mayo. Tras la correspondiente diligencia se dispuso a contactar con el cabo comandante de puesto, llamó a la puerta de su pabellón y le abrió la “caba” que nada tiene que ver con las venas ni con cuevas de fermentación catalanas.     

    – ¿Está su marido?

    –  Como si no estuviera, está dormido.

    –  Necesitaba hablar con él sobre un asunto del servicio.

    – Llegó borracho y ni ha comido siquiera ¿quiere que le despierte y nos forme el motín de Aranjuez?

    –  Mejor déjele descansar, seguro que ha estado toda la noche trabajando.

 Más tarde llegó un vecino argumentando que había sido mordido por un mono. Tras intensas gestiones se localizó al animal subido a un naranjo del parque.

    “…Y el animal de la clase cercopitecos…” – Mi teniente yo he puesto mono en las diligencias.

     –  No importa, que el cabo las rehaga y haga constar la procedencia ilegal del simio.

     –  Buenas tardes, que me habían citado por el asunto de la Juliana.

     –  ¿Se confiesa culpable de los cargos que se le imputan?

     – Con todos los respetos señor agente, yo no me confieso ni ante el cura, y sí, es bastante puta ¡Que quiere que le diga!

     –  Su madre dice que usted la ha violado.

     – ¿Yo? Sí hombre, y las mil pesetas que le di ¿Qué?, bien que las cogió y se las guardó en el sostén.

      – Perdona Luís, que dice el teniente que te hagas cargo del mono hasta que lleguen los del SEPRONA. (Servicio para la Protección de la Naturaleza).

       Eso de cuidar monos era una faceta para la que no estaba preparado, al menos eso fue lo que quedó demostrado a tenor de los acontecimientos que siguieron a la orden del teniente. El cercopitecos se alojó en una jaula de perdices que había arrumbada encima de un armario, pero antes de ello mordió en el trasero al presunto violador que tuvo que ser atendido por el practicante del pueblo, éste le inyectó la antitetánica y le mandó a su casa. El cabo despertó y se personó en el despacho, al ver al mono enjaulado preguntó por él al de puertas.

   – Estamos esperando al SEPRONA, dice el teniente que vendrán a buscarlo mañana por la mañana.

   – ¿Y ese mono es peligroso?

   – Depende de la cercanía.

   – ¿Qué pasa que hay monos de cercanías y de largo recorrido como los trenes?

   – Le ha mordido al violador de la “tonta”, así que no es de fiar.

    Los del SEPRONA llegaron a la mañana siguiente y se llevaron al violador para ponerlo en cuarentena, el cabo no volvió a pisar un bar, de hecho se tomaba los tetrabriks en su casa en compañía del mono; a la gente no le pasó desapercibida la amistad surgida entre el primate y el comandante de puesto. Luís salió un par de veces con la “tonta”, cada vez que regresaba a su casa venía con mil pesetas menos, y es que la “tonta” solo tenía trastornada la cabeza, ya que el único cuerpo que no estaba a la altura de las circunstancias era aquel al que pertenecían Luis, el cabo, el teniente y el SEPRONA.

 

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Una respuesta a La benemérita en acción (El Príncipe de las mareas)

  1. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, me has hecho pasar un rato divertido y muy entretenido. Un saludo literario y felices fiestas. Amaya

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