Una extraña entrevista (Alex)

Allí estaba Mario. Plantado en mitad del pasillo. Mirando fijamente a la puerta entreabierta que tenía delante. Era delgada, de una madera poco trabajada y con un barniz que le daban un color oscuro. En lo alto, un gran letrero dorado resaltaba con importancia. En el se podía leer claramente “DESPACHO”.

Suspiró. Se arregló la camisa, y se animó a entrar. Cuando cruzó la puerta, se encontró en una pequeña sala con varios sofás repartidos por ella. Al fondo, había una pequeña mesa de madera rojiza.

Tras ella, se encontraba una chica joven, muy guapa que tenía el pelo recogido en una coleta. Estaba frente a un ordenador, con el cual estaba trabajando muy concentrada. A su espalda había una puerta, compuesta casi por completo de un cristal opaco, que no dejaba adivinar su interior.

Mario se acercó tímidamente a la mesa. La chica lo vio y le dedicó una cálida sonrisa.

 —viene por la entrevista ¿verdad?

Mario asintió con sequedad.

Una vez le hubo dicho el nombre y la chica lo hubo buscado en el ordenador, le indicó que se sentara en uno de los sofás.

Al sentarse, Cayó en la cuenta de que en la sala había alguien más: se trataba de un hombre sentado sobre uno de los sofás.

Se sintió ridículo por no haberse percatado de él hasta entonces.

Le observó con interés. Era delgado, de pelo corto engominado. Tenía un afeitado excelente. Cuidado hasta el más mínimo detalle, y vestía un elegante traje oscuro con una corbata que le iba a juego.

“menudo repipi” pensó Mario. Ese hombre era el modelo perfecto que las grandes empresas buscaban, al menos físicamente: bien peinado, afeitado, elegante y con buena presencia.

Mientras Mario miraba a su competencia con aire de suficiencia, la puerta de cristal se abrió. De ella salió un hombre grande de anchas proporciones.

A Mario le sorprendió el gesto con el que el hombre salió: parecía muy disgustado. “¿que le habrá pasado?. Bueno, es igual. A este no creo que le den el trabajo” pensó Mario satisfecho.

El hombre atravesó la sala a grandes zancadas y desapareció por la puerta de salida sin articular palabra.

La chica hizo pasar al engominado hacia la sala interior y Mario se quedó solo junto a los sofás.

Para su sorpresa, tan sólo un minuto después, salió a toda prisa y se fue hacia el exterior, de nuevo, sin articular palabra.

Una inquietud se apoderó de Mario. La chica se fijó en él y le invitó a pasar tras la puerta. Obedeciendo, Mario se levantó y entró en la sala de las entrevistas.

Le sorprendió ver lo pequeña que era, tan solo amueblada con una vieja estantería y una mesa de escritorio. Tras la mesa una amplia ventana dejaba entrar la luz del exterior.

Sentado a la mesa, había un hombre mayor. Con su cara surcada de arrugas y el pelo canoso, aunque abundante. Vestía una camisa a rayas simple, no parecía haberse molestado mucho en arreglarse para la ocasión.

En cuanto hubo entrado, la chica cerró la puerta tras él. Mario se acercó indeciso hacia el escritorio: por fin había llegado el gran momento.

El hombre levantó la mirada de una hoja que estaba observando y reparó en él. Al verlo, una tensión se dibujó en su cara por un segundo. O eso le había parecido ver.

—por favor, siéntese. En breve comenzaremos con su entrevista

Se sentó, expectante por ver que le depararía aquello.

Como si se hubiera olvidado de su presencia, el entrevistador cogió su móvil y lo observó unos segundos. Entonces se llevó una mano a la cabeza como si acabase de recordar algo y miró a Mario mientras se levantaba.

—perdóneme, he de hacer una llamada urgente

Y sin que Mario tuviera tiempo de decir nada, salió de la sala al tiempo que se colocaba el teléfono en la oreja.

Por fortuna, no tardó más de dos minutos en regresar. Parecía bastante más relajado. Se sentó sobre la mesa y le sonrió de oreja a oreja.

—discúlpeme, asuntos de trabajo. Mi nombre es Fernando

Estiró una mano y le estrechó la mano a Mario de forma cordial.

—Mario Llosas Ruiz ¿verdad? —preguntó mientras observaba el folio que tenia sobre el escritorio.

Él asintió. Por fin iba a comenzar la prueba.

Fernando dejó el folio y juntó las manos sobre la mesa en posición relajada.

—cuénteme algo de usted ¿por qué dejó su último trabajo?

Mario se movió inquieto en la silla. Una pregunta que podía ser muy peligrosa según lo que respondiera.

Al final, dio con la respuesta acertada.

—he de decir, que mis anteriores trabajos sólo fueron un escalón más en mi carrera. Mi objetivo fue ascender hasta acabar llegando a este puesto de trabajo

El entrevistador sonrió divertido, parecía que le había gustado lo que había escuchado. Se reclinó sobre su asiento.

—¿se considera exitoso?

Tras formular esta pregunta, miró a Mario de forma inquisitiva.

Aquel entrevistador disfrutaba realmente de su trabajo.

Mario carraspeó, tratando de ganar tiempo para meditar su respuesta.

—creo que sería presuntuoso decir que si. Pero decir que no, sería negar la realidad. Allá donde he trabajado, he triunfado en todas mis metas. Y, espero hacerlo en esta empresa también

Fernando parecía cada vez más divertido. Mario se sintió incómodo. ¿sería eso buena señal?¿o simplemente estaba jugando con él? Tal vez ya tuviera al candidato escogido para el puesto y esta entrevista fuera una mera comparsa.

El entrevistador se incorporó levemente sobre la silla y formuló la siguiente pregunta.

—¿Estaría usted dispuesto a trabajar por la noche, horas extras o fines de semana? ¿y a mudarse por el trabajo?

Esta vez la respuesta estaba clara.

—por supuesto. Si de una cosa soy consciente, es que sin algún sacrificio no se asciende en la vida

La sonrisa de Fernando se ensanchó aun más. En contrapartida, la intranquilidad de Mario aumentó.

—¿considera que trabaja bien en equipo?

—me adapto a trabajar de la forma que me digan —

Tras esto, el entrevistador se inclinó sobre su mesa y cruzó los brazos. La diversión se podía ver en sus ojos.

—¿cual cree que es su punto más fuerte?

—mi afán de superación —respondió Mario como un autómata mientras bajaba la mirada: aquél hombre estaba comenzando a intimidarle.

Fernando sonrió, aparentemente muy satisfecho y volvió a apartarse de la mesa.

—bien, muy bien… veamos —susurró mientras hojeaba el folio que tenía delante

Tras hojear el folio, miró el reloj de su muñeca.

Sin dejar de observar su reloj, formuló la siguiente pregunta.

—¿a que edad empezó a trabajar?

Mario frunció el ceño, nunca había recibido este tipo de preguntas, ni había leído que fueran frecuentes. Y eso que se había documentado bastante bien sobre ellas.

—con veinte años, en el taller de mi padre —respondió mirando nerviosamente a la ventana. Aquella pregunta le había pillado por sorpresa.

 Fernando se masajeó la barbilla con aire distraído.

—¿estás casado?

Aquella pregunta descolocó todavía más a Mario. Aquella entrevista estaba comenzando a ser muy extraña.

Recordó a los dos anteriores pretendientes que habían salido a toda prisa y con cara de fastidio, ¿habrían sufrido este tipo de preguntas y se habrían enojado por ello?. El desánimo comenzó a crecer en su interior: aquel entrevistador estaba chiflado, no había duda. Pero decidió seguirle el juego a ver donde deparaba aquello.

—no, ni ahora ni nunca

Fernando asintió con solemnidad. De pronto, su sonrisa se había esfumado.

—¿te has acostado con muchas mujeres? —preguntó casi de forma automática

Aquello fue la gota que colmó el vaso. Mario se levantó de la silla, furioso.

—¿que es esto? ¿una broma? ¡si está jugando conmigo dígamelo y deje de hacerme perder el tiempo!

El entrevistador se mantuvo inmóvil con expresión relajada en el rostro,

De repente, su sonrisa volvió a ensancharse por completo.

—no te enfades Mario…o….¿debería decir Paul?

Mario abrió mucho los ojos y entonces lo entendió todo: le habían descubierto.

—te tenemos —se limitó a decir Fernando mientras se levantaba del asiento

Paul se levantó de golpe. Sudoroso. Con un movimiento rápido, se llevó la mano al bolsillo trasero del pantalón y sacó una pistola. Apuntó al falso entrevistador con ella.

Él no pareció inmutarse. Se limitó a sacar otra pistola de uno de los cajones del escritorio y le apuntó con ella.

—suelta el arma —ordenó con una voz firme. En un tono que no había usado en toda la entrevista.

—¡ni hablar! ¡no vas a disparar! ¡lo sé! —gritó Paul mientras daba pequeños pasos hacia atrás

—llevamos años siguiéndote la pista. Ahora que hemos dado contigo, no tienes escapatoria

Paul miró rápidamente a la puerta: estaba cada vez más cerca. Estiró un brazo para agarrar el pomo.

En ese momento, Fernando disparó hacia su mano. Paul apartó la mano rápidamente del pomo y se giró para disparar contra él.

Los reflejos del hombre sorprendieron a Paul: antes de que se hubiera dado la vuelta para dispararle, se había agachado tras el escritorio.

Con un suspiro, y, cada vez más nervioso. Se dio la vuelta rápidamente para salir de allí. Pero, en ese momento, la puerta se abrió de golpe y cuatro policías entraron y agarraron a Paul por los brazos, esposándole.

—¡por fin hemos dado contigo, Paul Walker! —dijo triunfante Fernando mientras salía de detrás del escritorio.

Paul miró a Fernando sin salir de su asombro.

 —pero…¿cómo?…. —balbuceó

Él sonrió.

—es muy sencillo. Te lo explicaré —anunció mientras volvía a sentarse sobre su asiento

Suspiró.

—todo empezó hace varios años. Cuando tu ya te habías hecho un nombre gracias a tus actividades fraudulentas. Tu afición a actuar cada vez en un país distinto, fue bastante molesta. Era difícil seguirte la pista. Pero hubo un país en el que te descubrieron de pleno y estuvieron a punto de atraparte.

Paul chasqueó la lengua y miró con fastidio hacia la ventana.

Fernando lo observaba divertido.

—ya sabes de cual hablo ¿verdad? Si….en Francia. Hace tres años.

Sin duda aquello fue el comienzo para trazar el plan para poder atraparte.

El falso Mario miró fijamente al policía. Aparentemente muy interesado por esa parte de la historia.

—Cuando lograste escapar. La policía francesa buscó todo sobre ti. Y descubrió, que habías practicado el mismo truco en varios países anteriormente bajo diferentes identidades. Con lo cual, decidió correr la voz entre los países vecinos para que no volvieras a poder practicar tus malas artes y alguien te atrapara.

Fernando carraspeó, provocando una pausa. El resto de los policías de la sala se mantenían inmóviles, absortos en el relato del jefe de policía.

—y así fue, como nos enteramos de que objetivos perseguías y cómo trabajabas, es decir: una de las empresas más importantes de un país te contrata para infiltrarte como empleado en la empresa de mayor competencia para ellos. Una vez logrado que te contraten, te dedicas a destruir la empresa desde dentro, llevándola al fracaso. La empresa acaba despidiéndote, por supuesto. Pero para cuando lo hacen. El daño que les has inflingido les ha hecho perder millones de clientes y prestigio, e incluso, en algunos casos, incluso cerrar para siempre.

La sonrisa del policía se ensanchó ampliamente.

—¿me equivoco?

Paul desvió la mirada con fastidio. Aquel gesto fue suficiente para el policía para saber que había dado en el clavo.

—si tan sólo no hubiera cometido ese error ese día en Francia, esto no habría ocurrido. Y usted y su estúpido cuerpo de policía jamás ni se hubieran enterado de mi existencia —soltó con rabia

Fernando lo miró fijamente durante unos segundos.

—¿no tienes curiosidad por saber cómo hemos descubierto que ibas a atacar a esta empresa?

Paul levantó la mirada y Fernando leyó la sorpresa y la expectación en sus ojos.

El policía rió alegremente.

—verás, cuando Francia nos avisó. Nosotros infiltramos agentes en las empresas más importantes de España con la esperanza de que algún día aparecieses tu por alguna de ellas.

De modo que en cuanto una de las empresas más importantes del país te contrató, nuestro infiltrado en esa empresa se enteró, sabiendo también que el ataque iba dirigido a esta empresa De modo que nos adelantamos a los acontecimientos.

Vinimos a esta empresa y les informamos de la situación. Creamos esta entrevista falsa y nos limitamos a esperar a que aparecieses. Mientras tanto, la empresa hace las entrevistas reales en otro sitio de forma temporal. Por suerte, tú de eso, no te enteraste.

El detenido chasqueó la lengua, molesto.

Fernando siguió hablando.

—la idea era que tu vinieras a este lugar creyendo que era la entrevista y estuvieras con la guardia baja. Y así, poder atraparte por fin.

El policía amplió su sonrisa y extendió los brazos.

—todos los que estábamos en este despacho somos miembros del cuerpo de policía. La secretaria, los dos pretendientes y yo.

Paul cerró los ojos con pesar: ahora lo entendía todo, la entrevista tan corta del trajeado, las preguntas absurdas, la tensión inicial en el entrevistador al verle…todo tenía sentido. Había caído en una trampa muy bien planeada y tenía que admitir su derrota.

Bajó los hombros, abatido.

Fernando se levantó y caminó hacia él. Todos salieron de la sala hacia el exterior.

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3 respuestas a Una extraña entrevista (Alex)

  1. Luisa dijo:

    Primero lo bueno, el relato me ha gustado. Gracias por compartir. Segundo lo regulín (disculpa de antemano que me entrometa) en la frase “Pero decidió seguirle el juego a ver donde deparaba aquello” creo que hay algún problema con el donde, algo me sobra o algo me falta. Un saludo.

  2. alex dijo:

    Gracias por el comentario. Si, a mi también me ha sonado raro cuando te he leído esa frase a ti. Debería haberla simplificado un poco antes de subir el relato.

  3. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, me ha gustado tu relato pero creo que tendrias que repasarlo porque te faltan muchas mayúsculas y algún signo de puntuación. Un saludo literario y felices fiestas. Amaya

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