Sofía (Carolina)

Han pasado ya dos semanas y Ángel no se acostumbra a su ausencia. Todo pasó tan rápido que todavía no lo ha asimilado. Recuerda de aquel día a su hermano cogiéndole fuertemente por los hombros, para que no se cayera, y a su madre, a su lado, agarrándole la mano, apretando tanto que sentía hasta dolor, pero incapaz de articular palabra y pedirle que le soltara.

Ángel y Sofía llevaban juntos quince años. Se conocieron en una fiesta organizada por los padres de Ángel, y desde ese día no se volvieron a separar. Viajaron a las playas más exóticas, visitaron los museos más famosos de Europa y se perdieron por los mercadillos de los lugares más pintorescos, como el Gran Bazar de Estambul, lleno de especias, tapetes y orfebrería, que les sirvió para decorar su coqueto apartamento en el centro, o el Damnoen Saduak en Bangkok, cuyos barcas que navegan por los canales ofrecen ropa y todo tipo de comida y que Sofía degustaba con verdadero placer.

Nunca hablaron de hijos, creo que a ninguno de los dos les gustaban en exceso los niños y pensaban que el ritmo de vida que llevaban no sería adecuado para ellos, largas jornadas en la editorial del padre de Ángel, en la que ambos trabajaban, por no hablar de sus incontables viajes por todo el mundo. No eran egoístas, eran realistas y no estaban dispuestos a sacrificar sus viajes, sus cenas hasta altas horas de la noche, su libertad, para atarse a un pequeño que algún día les pudiera echar en cara su falta de atención. Sólo tenían ojos para ellos mismos, y a lo largo de su vida en común, su amor no iba más que en aumento.

Por eso Ángel hoy no podía, no quería recordar el día en que su amada Sofía dejó de mirarle. No pudo despedirse, tras el accidente se quedó en coma y sólo aguantó unas horas mas. Le hubiera gustado decirle tantas cosas que ya ella sabía, pero que nunca sobraban. Ángel la amaba, la amaba de verdad, como el primer día, no, más que el primer día. Su amor era casi enfermizo pero terminó de repente, todo pasó en cuestión de segundos, la Gran Vía, un semáforo en ámbar y Ángel desde la otra acera llamándola y Sofía, sin apartar la mirada de su amor, no se percató del autobús que tantas veces la había llevado desde su barrio de la infancia hasta la plaza del Callao. Maldito autobús, no hacía más que repetir Ángel, y maldito él por su nerviosismo, por animarla a cruzar. Su impaciencia tuvo su castigo y hoy solo le queda amarrarse con fuerza a  la urna con las cenizas de Sofía.

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Tema del mes "Cenizas" y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Sofía (Carolina)

  1. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, me ha gustado tu triste relato. Un saludo literario y felices fiestas. Amaya

  2. orgav dijo:

    Vaya… el amor puede matar… Pese a ser muy triste, me gustó porque me trasmitió lo que es. Felicidades y suerte, compañera.

Tu opinión es importante

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s