Ladera abajo (Pirgul)

La niebla vuelve otra vez a rodear la casa, llevamos ya días sin poder subir al monte, los animales empiezan a ponerse nerviosos. Yo también, por falta de aire y de moverme, como ellos, pero sobre todo porque cada vez me preocupa mas y tengo menos dudas de lo que es todo esto, todo cuadra…si coloco este aquí, y este otro mas largo…

Isabel me hacía caso, me hablaba y me sonreía, con sonrisa un poco bobalicona, es cierto, pero radiante. No era muy guapa pero tenía mucha alegría a compartir, desparpajo y palabrería. Cojeaba un poco porque su pierna derecha era mas corta que la izquierda, pero lo disimulaba con gracia. Estudiaba mucho, decía que quería irse a la ciudad, para mí que estudiaba demasiado, creo que le costaba mucho. Ahí estaba yo, con ganas de ella, y ella que se quería ir. Eso sí que me apenaba mucho, no quería yo que se fuera, cada vez que me lo decía me entraba un disgusto.

Lo cierto es que pensaba mucho en ella, sus curvas contundentes tenían bastante que ver, y cuando bajaba a la taberna al final de la jornada, tenía ganas de verla, muchas ganas. Pasaba entonces por delante de la tienda de ultramarinos a ver si coincidía y me cruzaba en su camino, porque la tienda pertenecía a su tía Maribel, que era muy amiga de mi madre. Ya falleció, la pobre, mi madre, digo. La tía Maribel también murió ya, fué arrollada por el autobús de los viernes, el que llegaba de la ciudad, fue horroroso. Pero es que no oía bien y además, usaba lentes, y no se dió ni cuenta que entraba el bus en la plaza, un poco demasiado rápido según dijo el chico del quiosco que lo vio todo, y que contó que entró a todo meter. Y claro, se llevó por delante a la pobre señora. A mi madre no la mató el autobús, murió, yo creo, de tanto disgusto que le dio padre, que según me han contado era de muy mal beber, jugar y pelear. Yo no lo conocí, y menos mal, porque no sé yo lo que hubiera ocurrido. Mejor así, que se fuera.

Y llegó el día de San Antón. Era día de fiesta, se celebraba con grandes comilonas y mucho vino, e Isabel se acercó a mi. Me cogió de la mano.
– Matías, quiero subir contigo al monte.
Y subimos cogidos de la mano. Mi pecho parecía a punto de estallar, creo que los latidos del corazón se oían hasta la siguiente aldea. Intentaba controlar mi respiración, que casi era un jadeo, pero era peor porque parecía rebuznar y daba aun mas vergüenza.
Por fin llegamos donde el rebaño y me senté sobre una roca a intentar apaciguar el todo yo, mientras ella no paraba de hablar y hablar y de cambiar su peso de un pie a otro. De vez en cuando se acercaba a mí para rápidamente volverse a alejar…me ahogaba.
Y en uno de esos saltitos tan graciosos, tropezó con una pequeña oveja que estaba echada justo detrás de ella, y que yo no había visto, la verdad. Era preciosa, una cría aun, con una cara preciosa, muy muy parda. Con esa tropezó Isabel. Cayó de espaldas con todo su tamaño, que era mucho, porque grande sí que era, y rodó y rodó ladera abajo, de una manera un tanto ruidosa y poco elegante. Para querer llegar tan lejos y volar tan alto, resultó que no era tan hábil la chica, ni a una pequeña ovejilla supo esquivar, así como su tía, la de la tienda de ultramarinos, pobre.

No supe nada mas de ella. Pensé entonces que corrió hasta el pueblo y enseguida se fué a la ciudad porque nunca mas la volví a ver.

Y ahora aquí estoy. Todos van encajando, llevo meses recogiéndolos por el monte, y poco a poco va saliendo. Este aquí…me temo que es lo que me imaginaba. Este mas largo que el del otro lado, está claro, una pierna mas larga que la otra. Es Isabel, sus huesos esparcidos durante décadas.

Se levanta por fin la niebla. Voy a poder subir un rato, los animales lo agradecerán.

Matías metió los huesos de Isabel en un saco, se lo echó al hombro y, al llegar al cerro, los dejo en el suelo. Hizo un pequeño fuego que, con el aire, empezó a crecer. Uno a uno, fue poniendo los huesos en el fuego y observaba pensativo como iban haciéndose ceniza. En un golpe de viento, le vino a los ojos, y con la manga de su camisa se limpió. Fué así fácil ponerse a llorar.

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3 respuestas a Ladera abajo (Pirgul)

  1. Luisa dijo:

    Jajajaja Muy macabro pero he de reconocer que me ha hecho mucha gracia. Me gusta mucho el ritmo de tu relato.

  2. Carto Péreton dijo:

    Me ha gustado mucho tu relato, las primeras líneas te descolocan pero al final tienen sentido, excelente. Los personajes muy bien trabajados en pocas líneas. Un saludo.

  3. amaiapdm dijo:

    Me ha encantado tu relato, no he podido evitar reirme. Gracias por escribir. Un saludo literario y felices fiestas. Amaya

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