El Hospital de la Vesania (Jesús Delgado Morales)

       El hospital, tiene algunos años a sus espaldas, y muchos más en sus paredes desconchadas. El blanco originario ha dado paso a un gris perla combativo con los elementos que llevan tiempo tratando de minarle la moral, de empujar en los días de otoño, de calentar al fin en los veranos secos con la siniestra intención de que firme una rendición que como buen militar que es, no contempla. Solo entregara la plaza a la autoridad municipal cuando esta se lo demande en aras de la modernidad urbanística. Gran cantidad de vidrieras pero sin colores que la asemejen a ningún monumento del gótico, escaleras de mármol gastados por el roce continuo de varias generaciones de pies acelerados en sus prisas, sin que nadie pueda devolverle el brillo que atesoró en sus años mozos. Habitaciones blancas, asépticas, con olores a formol y otros productos sanitarios, con sus camas de hierro y colchas almidonadas, alineadas en perfecta formación para cualquier revista que se presente de improviso. Los ascensores con apariencias de cámaras de terror en alguna película de Bela Lugosi, no desentonan con su entorno. No funcionan.

     ¿No hay piedad para las sufridas escaleras?

     Esta amurallado con un seto de altura considerable y protegido por el refuerzo en cemento encalado con el ribete amarillo como una bandera. No faltan por doquier las plantas de todo tipo y color en un intento no conseguido de hacer más llevadera la estancia a los desafortunados que tienen, tenemos que residir de forma eventual en este lugar no apto para menores. También tiene un ala separada por un muro de menor tamaño y camuflado por unas enredaderas sin fin a la vista. La cancela pintada en verde, cruje lastimera cada vez que una monjita de blanco inmaculado penetra en ese lugar silencioso y plagado de alaridos en las noches de luna llena. Le llaman “La Milagrosa”, y está destinado a los vesánicos como Francisco que hace ya mucho tiempo pusieron fin a sus ideas, gentes que no pueden, que no saben vivir en un entorno ajetreado, que se pasean en un deambular errático dentro de unas fronteras demasiado estrechas para que su imaginación alterada encuentre libertad de movimientos. Sonríen sin motivo aparente, al tiempo que la seriedad se les aparece como si cayeran en la cuenta de no tener causa para lo uno ni para lo otro. Se miran y se rehúyen en un compás casi armónico, se arroban sin motivo o lloran sin comprensión del porque no son comprendidos. Están locos, no saben porque ni se lo preguntan, no sabemos las causas de sus desajustes, pero nos sonreímos con sus actuaciones no sincronizadas y esperamos el desenlace de algo que se espera sin saber si realmente esperamos lo que vemos, o solo vemos lo que no esperaríamos ver.

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Una respuesta a El Hospital de la Vesania (Jesús Delgado Morales)

  1. amaiapdm dijo:

    Muchas gracias por escribir, me ha gustado tu relato. Un saludo. Amaya Puente de Muñozguren

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