Qué regalo quieres para Reyes (Amaya Puente de Muñozguren)

Estoy sentada en la Cafetería Cenia esperando a mi hija, como siempre llega tarde y no contesta a mis llamadas. He leído el periódico dos veces y creo que es el momento de irme pero se acercan dos mujeres que me llaman la atención; se sientan a mi lado, tienen los mismos ojos aunque en tonos distintos y una fisonomía similar, estoy segura de que son familia, o hermanas o madre e hija, aunque no parecen llevarse muchos años. Se sientan junto a mi mesa, que es la que es la más cercana a la estufa de terraza que caldea un poco el frío de la mañana. Sin querer escucho su conversación y decido esperar un poco más a mi hija. La más joven es morena con canas y tiene ojos de color verde, la mayor tiene el pelo de color rubio platino y tiene unos preciosos ojos pardos; ella es la que inicia la conversación.

-Hija, deja ya el móvil.

-Ya voy. Le he mandado un mensaje a mi hija mayor para felicitarla por su cumpleaños y no me contesta.

– No pierdas el tiempo con eso, llevas años felicitándoles y nunca te han contestado. Ya es hora de que te olvides de ellos.

-¿Cómo puedes decir eso?, son tus nietos.

-Son malas personas, manipuladas por su padre que es mucho peor que ellos.

-Algún día se darán cuenta de que han sido manipulados y de que siempre les he querido.

-No pierdas el tiempo, hija. Ya son mayores y no han dado señales de vida en todos estos años. Ellos se pierden a una abuela, una madre, unos tíos y unos primos. Por culpa del sinvergüenza de su padre.

– Creo que son buenos niños y que están bajo el dominio de su padre.

-Ya han dejado de ser niños y siempre pueden buscar la forma de mandarte un mensaje por Facebook, una carta a tu casa, o a la mía. Son malos, hija, acéptalo.

– Yo no eduqué niños malos, tenían buen corazón, sobre todo dos. La mayor siempre ha sido mala.

-Y celosa. Ya lo decía tu suegro que se parecía a la más mala de su familia.

– Para la gente de la calle es muy buena.

-Porque no la conocen, hija. Tiene mal corazón y ha envenenado a los pequeños. Lo tenia fácil, con el pusilánime de su padre ha podido dominarlos a todos a su antojo.  Tu ex, para mí que no se ha atrevido a salir del armario. Claro, siendo hijo de militar y en esos años…

-Mamá, no digas eso, Luis solo es un poco rarito, le gusta arreglarse más que a una adolescente y está enamorado de su imagen.

-Sí, pero tiene mal corazón y un día pagará todo lo que ha hecho. Es como en el retrato de Dorian Grey. Encima va de mártir. Ja, ja, ja, me muero de risa.

-Me he encontrado con varios de sus compañeros de trabajo por la calle  y me da pena la fama que tiene de cleptómano, a todo el mundo le faltaban cosas en la oficina y, al final, descubrieron que era él.

-¿Por qué no le denunciaron?

-Porque era uno de los jefes, si me lo hubiesen dicho yo le habría llevado a un especialista y hubiese devuelto las cosas que traía.

-Sí, si, como que se iba a dejar…mira lo que te costó llevarle al psiquiatra cuando tuvisteis la segunda crisis y siguió robando cosas hasta en el supermercado.

-Sí, el psiquiatra ya me dijo que era un hombre muy manipulador y peligroso y que seguramente iba a terminar muy mal.

-Muy mal no parece que esté.

-¿Tú crees?, lejos de su tierra, lejos de sus hijos a los que ha dejado solos, estudiando a mil kilómetros, y con la vacaburra de su amante, que parece un camión con remolque, no sabe ni escribir y es una perfecta hortera, eso no le pega a él que siempre le ha gustado la gente fina y elegante. Pero bueno, ella tiene un hijo gay que seguramente hará muy buenas migas con Luis e intercambiaran productos de belleza.

-¿A qué se dedica el hijo?

– Es maquillador de televisión, ¿no lo sabías?

-No. Y de mi nieta mayor ¿qué sabes?

-Que no ha acertado en nada de lo que me dijo cuándo me echó de casa. Ha sido pareja de hecho con un chico muy majo, han trabajado juntos y en cuatro años ya la ha mandado fuera de su vida. Ha perdido su trabajo y no hacen más que llegarme multas a casa a su nombre, multas que, por supuesto le devuelvo al cartero.

-Entonces, ¿Qué quieres para Reyes, hija?

– Lo tengo todo, madre, y si pretendes regalarme otro viaje para ir a ver a mis hijos te lo puedes ahorrar. Ya los he olvidado y tú deberías hacer lo mismo para no sufrir por quienes no merecen la pena.

Estas mujeres me han dejado de una pieza, han superado el no tener cerca a sus hijos y nietos y disfrutan de la vida tal y como viene, quizás yo tendría que hacer lo mismo.

-Hola mami, lo siento pero he tenido un pinchazo.

-Pensé que no venias hija, pero me alegro de que estés aquí. Dame un beso y un abrazo muy grande. Estás muy guapa, te sienta bien ir despeinada.

-Sí. Será eso, te noto distinta y me encanta que no me eches la bronca.     

-Hija, no te puedes ni imaginar todo lo que he aprendido aquí mientras me tomaba dos cafés. Por cierto, ¿qué quieres para Reyes?

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2 respuestas a Qué regalo quieres para Reyes (Amaya Puente de Muñozguren)

  1. Manger dijo:

    Muy buen relato, Amaya. Mis saludos.

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