Final (Campanero)

FIN

 

Juzgado de Violencia de los Sentimientos.

 

ANTECEDENTES DE HECHO

 

Primero. Se declaran  probados los siguientes hechos  como consecuencia del interrogatorio del acusado. Don Ovidio y doña Amapola mantuvieron una relación  desde la adolescencia,  finalizando la misma por causas ajenas a  la voluntad de don Ovidio después de 15 años de convivencia. A partir de dicho momento, el acusado, con la finalidad buscar la tranquilidad y el sosiego del alma pensó remitirle -aunque finalmente no los envió-, diversos mensajes del siguiente tenor literal:

Quiero robarte un  pensamiento, quiero arrancarte un sentimiento, quiero…

Quiero apropiarme del banco de  tus sueños

Quiero malversar toda mi ilusión contigo

Quiero secuestrar y matar el Olvido

 

FUNDAMENTO DE DERECHO

Primero.  Los hechos referidos son constitutivos de  una pluralidad de  delitos en grado de tentativa. De robo, pues don Ovidio quiso, con ánimo quimérico, apoderarse de efectos propiedad de doña Amapola,  empleando fuerza en las cosas para acceder al lugar donde éstas se encuentran. Asimismo, existe un delito de apropiación indebida, pues aunque los sueños no son cosas muebles también son susceptibles de apropiación.

Segundo. Este Juzgador, también aprecia un delito de secuestro, en concurrencia con un delito de malversación de sentimientos propios, pues consta, como así lo ha reconocido procesado, que doña Amapola no comparte con el demandado ninguna de sus emociones.

Tercero. No concurren  circunstancias modificativas de la responsabilidad, pues todas estas quimeras las hace el procesado, don Ovidio, en su propio perjuicio y con la ofuscación propia de los que se quieren engañarse a sí mismo.

Por lo expuesto,

FALLO:

Que debo condenar y condeno por un delito de desamor a don Ovidio, a la pena de 19 días y quinientas noches, con inhabilitación especial para el ejercicio de otros sentimientos durante el periodo de condena. La sentencia es firme y frente a ella no hay recurso, con condena en costas.

Lo sé, el Poeta Urbano no se equivoca, estoy preso… quinientas noches. Y sigo … no hay nostalgia peor que añorar lo que nuca jamás existió, es mas, seguro que podrás perdonarme ya no te importo.

Amapola, quiero contarte una historia con un final feliz, y para eso voy a dar la vuelta a la página –lo entenderás después-.

Ayer tuve un ataque de realidad y tiré la Rosas de Gericó a la basura… son ya tantos años sin una sola Flor. Aunque lo nuestro sólo sea  mi sueño te olvidaré.  Pondré mi  memoria  en naftalina.  Aprenderé de los “homeless” a dar cobijo a mi  angustia,  y de los necesitados a comprar  boletos en la rifa del nohayquerer. Me entrenaré. Muscularé este corazón tan fofo con un anabolizante  -al humo del tabaco, al vapor de alcohol-, para que aguante las quinientas noche en la cola del desempleo.

¿Qué me pasó la otra noche?. Es fácil de explicar, aunque no sé si me entenderás. Habían pasado quince años desde que te escuché otra vez: ¡Eres lo peor!, pero ya no estábamos en el patio del colegio. Esta vez, me hubiera gustado poder decirte: nunca debí pegar a Pablo Sarasuste, tu cara de odio me lo impidió. Todavía recuerdo tu mirada  encolerizada.

Me preguntarás porqué volví a pegar a Pablo Sarasuste. Quería volver a repetir nuestro primer encuentro, tu primera caricia. Ocurrió de repente,  me di cuenta esa noche, al verte sonreír con todos, presentí que nunca te volvería  a tener. No pude evitar los celos, pero no de verte sonreír con Pablo Sarasuste, sino de no sonreír conmigo. En ese momento imaginé que mi mujer todavía era la novia de Pablo Sarasuste, y pasó… Y que culpa tenía él, preguntarás, ninguna.

¿Te resulta extraño?, piensa. ¿Recuerdas cuando nos conocimos? Del primer empujón  derribé a Pablo Sarasuste. El delirio acumulado durante meses evitó cualquier atisbo de  compasión y antes de que pudiera reaccionar le había rodeado el cuello con mi antebrazo. Él lloraba, todo el mundo gritaba a mi alrededor. El resto no puedo recordarlo mas que vagamente, el castigo, la expulsión. Pero mi memoria es clara para la niña de las pecas, para la novia de Pablo Sarasuste que, a pesar de haber indultado a su novio, me espetaba un: ¡Eres lo peor!, para después darme un cariñoso bofetón.

En ese momento me dije, ¡quiero que me vuelva a besar así!.

Llevaba meses mirado a la chica de los borrones en la  cara: me gustan los “conguitos”…, me gustan los “conguitos” de tu cara.

PD: ¡Ves!, un final feliz, aunque para ello hay tenido que  dar la vuelta a la página y a nuestra historia.

 

PRINCIPIO

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Una respuesta a Final (Campanero)

  1. amaiapdm dijo:

    Gracias por escribir, me ha gustado tu relato. Un saludo literario. Amaya Puente de Muñozguren

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