El camino a seguir (Caminante en la sombra)

Rodrick abrió los ojos. Los adoquines grisáceos le dieron la bienvenida. Frunció el ceño: estaba tirado sobre el suelo, y no recordaba como había llegado hasta allí. Apoyó las palmas de las manos sobre el suelo para incorporarse. De pronto un agudo dolor en la parte trasera de la cabeza le obligó a componer una mueca. Paseó un dedo sobre la zona afectada; notó un liquido que le manchó los dedos. Sangre. Alguien debía haberlo golpeado por detrás y hacerle perder el conocimiento.

Se irguió por completo, tambaleándose,           y paseó la mirada por la calle en la que se encontraba. Estaba desierta, tan sólo se podía escuchar el silbido del viento, cuya brisa le golpeaba el rostro con fuerza.

Entonces, lo recordó: la niebla. Estaba huyendo de ella, tratando de encontrar uno de los refugios.

Giró la cabeza en todas direcciones con desesperación, ¿donde estaría el refugio? Sin perde ni un segundo más, echó a correr hacia un extremo de la calle..

Unos meses atrás, una misteriosa niebla había surgido en los países del Oeste. Todo aquel ser vivo que tuviera contacto con la niebla, caía muerto al instante. Pronto las noticias se hicieron eco de este extraño suceso y las grandes organizaciones decidieron construir multitud de refugios bajo tierra. Ni siquiera dentro de las casas podían mantenerse a salvo, ya que la niebla lograba filtrarse a través de las juntas de las ventanas. Nada podía detener su avance, excepto los refugios, protegidos con grandes puertas de metal blindado y ocultos bajo tierra.

En las siguientes semanas, el caos se adueñó del planeta entero. Todos querían su lugar en el refugio para salvarse. La crueldad y el egoísmo del ser humano salió a la luz por completo en esos momentos, dándose casos de abandonos de familiares e incluso asesinatos con el único motivo de la supervivencia.

La niebla cubrió el resto de países, poco a poco, hasta que llegó a casi toda la extensión del planeta, excepto Haradh, el pueblo de Rodrick, el único lugar en el planeta que la niebla aún no había alcanzado. Por poco tiempo, pues en ese momento se estaba introduciendo en él por los cuatro costados y avanzaba lentamente.

Rodrick lo sabía. Sabía que le quedaba poco tieimpo, y que debía encontrar el refugio construido para su pueblo antes de que fuera demasiado tarde.

No comprendía como había llegado a este punto. Recordaba ciegamente que antes de ser golpeado, corría en compañía de su familia en dirección al refugio. ¿Qué había pasado? Frenó de nuevo ante una esquina, frustrado: allí tampoco estaba. Se mordió el labio interior con aprensión: ya no había nadie por las calles, debía ser el último que quedaba fuera del refugio en todo el planeta.

De pronto, divisó una figura a lo lejos. Extendió una sonrisa sin saber muy bien porqué, pues eso no quería decir que estuviera salvado. Se acercó corriendo hacia la figura. Se trataba de un hombre que observaba sentado con tranquilidad la plaza que tenía delante. Lucía una larga barba gris, cuyo rostro ocultaba casi por completo. Sus ojos, de un azul casi brillante se mantenían perdidos, sin aparentar interés por nada en particular.

Rodrick llegó hasta él. Se fijó en las ropas tan desgastadas que lucía: sin duda debía tratarse de un vagabundo. De pronto, él lo miró. Sintió empequeñecer ante aquellos ojos claros.

 –¿Qué haces por aquí muchacho?, creía que ya no quedaría nadie más fuera del refugio.

Rodrick lo miró y tragó saliva, no sabía que responder. Realmente no sabía la respuesta.

–¿Y usted?, ¿por qué está aquí fuera tan tranquilo?, ¡la niebla debe estar a punto de alcanzarnos!

El hombre lo miró fijamente a los ojos, durante unos segundos.

–Eso no me preocupa –respondió al fin, restando importancia con un gesto de la mano.

Rodrick abrió la boca, incrédulo.

–¿Cómo…?

De pronto, se levantó y se colocó frente a él. Le sorprendió descubrir que era más alto de lo que había imaginado.

–Me llamo Clark, que no me he presentado –anunció al tiempo que le tendía la mano.

Rodrick la estrechó con nerviosismo: no comprendía los actos de aquél hombre, debían ser los últimos humanos que quedaban fuera del refugio en todo el mundo y estaba allí, tan tranquilo, como si la cosa no fuera con él.

–¿Por qué deseas con tantas ganas encontrar el refugio? –preguntó de pronto Clark.

Lo miró, sin comprender.

–Sí, has escuchado bien, que porqué tienes la necesidad de escapar de la niebla.

Rodrick bajó la mirada.

–Yo….para sobrevivir, supongo.

–¿Por algo en especial?, ¿necesitas hacer algo importante en tu vida?

El joven levanto la cabeza con el ceño fruncido. Para su sorpresa, el gesto afable del hombre se había endurecido.

–No. Nunca lo había pensado de esa forma.

Clark chasqueó la lengua.

–Claro que no, como el resto de las personas de este mundo. Solo te mueves por el puro egoísmo.

Rodrick se mordió el labio inferior. Miró alrededor con rapidez: la niebla debía estar cada vez más cerca, en tan sólo unos minutos, los alcanzaría.

–A propósito, ¿como te has hecho esa herida de la cabeza?

Se la tapó con la mano; ya casi la había olvidado por completo.

–No lo sé….iba corriendo con mi familia hacia el refugio y de pronto me encontré inconsciente sobre el suelo.

El hombre asintió levemente con la cabeza.

–Yo te lo diré, fue un miembro de tu familia quien te atacó.

–¿Qué?, ¿pero qué dices?, ¿por qué iban a hacerme daño?

–Por sobrevivir. Seguramente no tenían claro si habría sitio para todos en el refugio y jugaron sucio.

Rodrick tragó saliva. No creía en las palabras de aquél hombre, aunque la seguridad con la que hablaba creaba dudas en su interior, ¿y si tenía razón?

–Es más –añadió de pronto– me atrevería a decir que después de golpearte a ti, continuaron atacándose antes de llegar.

De pronto, se sentó y bajó la cabeza. El joven lo miró con interés, aquél hombre tenía algo especial.

–¿Sabe donde está el refugio?

Clark levantó la cabeza y lo miró con reproche.

–Sí, lo sé, pero no te lo diré hasta que no sepas porque quieres ir allí. ¿Acaso no te he enseñado nada?

El joven lo miró, ¿qué debería decirle?

–¿No sabes de donde vino la niebla?, ¿por qué empezó todo esto?

Rodrick abrió mucho los ojos: nunca nadie había hablado sobre esto en las noticias.

Clark sonrió con tristeza y volvió a hablar:

–La niebla es a causa de la descomposición del planeta. No será algo definitivo, pues en unos meses se irá, pero si es un primer aviso muy serio.

–¿Qué quiere decir? –inquirió Rodrick.

–Qué el culpable de todo esto es el propio ser humano. Hace años que comenzó a cargarse el planeta lentamente hasta que ha sucedido esta tragedia. Pero es tan tonto que en cuanto esto pase continuará como siempre, sin reflexionar sobre el aviso que le ha dado su propio planeta, ¿y todo por qué?, porque no son capaces de mirar más allá de su propio interés.

Por supuesto, esto en las noticias no lo dicen, ni lo dirán jamás.

Rodrick lo miró, con la boca abierta: nunca había reflexionado sobre todo aquello, pero a las palabras de Clark no le faltaban razón. Compuso un gesto de disgusto; estaba claro que la humanidad se había equivocado mucho a lo largo de toda su historia.

De pronto, la intensa niebla gris apareció por una de las calles. El joven soltó un respingo.

–¡Ya está aquí!, ¡rápido!, ¿donde está el refugio?

El hombre lo miró fijamente a los ojos.

–¿Sabes ya por qué quieres llegar a él?

Se hizo el silencio y Rodrick mantuvo la mirada fija durante unos segundos. De pronto, sin saber como, su boca se movió sola y respondió:

–Sí.

Clark sonrió y asintió levemente con la cabeza.

–El refugio está tan solo detrás de esa casa, tendrás tiempo para llegar y entrar de sobra.

Rodrick soltó un suspiro de alivio y echó a correr en dirección a donde le había indicado. De pronto, se frenó en seco y miró hacia atrás.

–¿Tu no vienes?

Clark negó con la cabeza, sus ojos estaban llenos de lágrimas.

–No hay sitio para mi en este nuevo mundo, no lo quiero.

–¿Va a dejarse morir? –gritó Rodrick con desesperación. La niebla estaba cada vez más cerca.

–¿Acaso se puede llamar vida a vivir en un mundo muerto? No veo mucha diferencia respecto a la muerte.

Las lágrimas rodaron por las mejillas de Rodrick, que había logrado llegar a sentir aprecio por aquél hombre. Apretando los dientes, se dio la vuelta y echó a correr en dirección al refugio.

Lo encontró en cuanto giró la esquina, y sin perder un solo segundo, llamó con insistencia a la puerta blindada.

Una pequeña rendija se abrió en el centro de la puerta dejando a la vista una pequeña mirilla de cristal. Rodrick jadeó, mientras miraba hacia atrás cada pocos segundos: la niebla debía estar cerca. El simple contacto con ella, dejaba el cuerpo sin vida, era algo que había visto en las noticias en los primeros días en que había empezado a expandirse y le había resultado un espectáculo espantoso.

Al fin, se oyó un chasquido en el interior del refugio y la puerta de metal se deslizó lentamente.

–¡Entra!, ¡rápido!

Obedeció sin decir nada y la puerta se cerró tras él. Se inclinó y posó las manos sobre las rodillas; hasta ese momento no se había dado cuenta de lo que cansado que estaba.

Echó una ojeada alrededor, se encontraba en una pequeña estancia mal iluminada junto a dos hombres que no conocía de nada. Frente a él unas oscuras escaleras descendían perdiéndose en las profundidades del subsuelo. Allí debían estar escondida toda la gente del pueblo, incluida su familia.

Los dos hombres descendieron en silencio y Rodrick se quedó inmóvil observándolos. Caviló durante unos minutos, sin saber si quería reunirse con el resto de la gente que encontraría allí abajo.

Finalmente, resopló y descendió con lentitud hacia el interior del refugio.

Dos semanas después, cuando las autoridades habían calculado que la niebla se disiparía, abrieron el refugio y todos salieron al exterior, dispuesto a continuar con sus vidas como sino hubiera pasado nada.

Rodrick salió al exterior, observando las calles de lo que había sido su hogar desde niño. Por mucho que se empeñasen los demás, ya nada era igual para él.

Dobló la esquina y entonces lo vio: tirado sobre el suelo, inerte, se encontraba el cuerpo de Clark. Lo observó largamente durante varios minutos, sentía una mezcla entre tristeza y gratitud a partes iguales; gracias a aquél hombre, él ya no era el mismo, había vuelto a nacer y ahora tenía claro por primera vez en su vida el camino que quería seguir de ahora en adelante.

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